
La definición estatal de Morena dejó consecuencias también en Tijuana. Ismael Burgueño no obtuvo la coordinación estatal y, al volver a la alcaldía, anunció que participará en el proceso por la coordinación municipal.
Ese movimiento reordena el tablero local. La competencia por la candidatura a la alcaldía dejó de ser una posibilidad abierta para distintos integrantes del Ayuntamiento y volvió a concentrarse en torno al presidente municipal.
La decisión de Burgueño tiene una lógica política: mantenerse en la contienda rumbo a 2027 y buscar continuidad en el gobierno de Tijuana. Pero, al ocupar ese espacio, también reduce el margen para quienes desde su equipo contemplaban una aspiración propia.
Entre ellos se mencionaba al secretario general de Gobierno, Ramón Vázquez, cuyo nombre apareció en versiones sobre posibles aspirantes a la coordinación municipal. La posibilidad de competir ahora tendría que enfrentarse a la candidatura del alcalde, con quien comparte equipo y responsabilidad de gobierno.
En el caso de la síndica procuradora, Teresita Balderas, su nombre también había sido mencionado entre los perfiles con interés en la alcaldía. Sin embargo, el sábado 26 de septiembre declaró que no participará y que se concentrará en concluir su trabajo en la Sindicatura.
Su postura puede responder a una decisión personal y a las responsabilidades pendientes en su oficina. En cualquier caso, la definición estatal y el anuncio municipal de Burgueño cambiaron el contexto en el que se había hablado de su posible candidatura.
La pregunta es qué espacio queda para quienes, desde el mismo equipo, habían imaginado competir por la presidencia municipal. Con Burgueño dentro de la contienda, una candidatura de Ramón Vázquez tendría que abrirse paso frente a un alcalde que ya expresó su intención de buscar continuidad.
Eso no significa que la convocatoria de Morena esté resuelta ni que el alcalde tenga asegurada la candidatura. El partido todavía debe definir reglas, método y condiciones de participación, además de considerar los acuerdos que puedan existir con sus aliados.
Pero, políticamente, el anuncio sí modifica las posibilidades. Una competencia que podía incluir a varios perfiles del Ayuntamiento ahora tiene a Burgueño como participante y reduce el espacio para quienes dependían de que la candidatura quedara disponible.
La política municipal no se mueve únicamente por los cargos actuales. También cuentan el posicionamiento, la trayectoria, la presencia territorial y la capacidad de construir una aspiración que no dependa de una sola figura.
Por eso, las versiones sobre Teresita y Ramón no bastaban para colocarlos entre los perfiles con mayores posibilidades. Sus nombres circulaban en la conversación política, pero la contienda tenía otros participantes con trayectoria pública y aspiraciones expresadas.
Entre los hombres, Jesús García Castro ya había anunciado que buscaría la coordinación municipal. Su paso por la administración estatal, incluido su trabajo en el SAT de Baja California y en la CESPT, le da un perfil con experiencia administrativa y reconocimiento público.
García Castro también ha planteado que conoce distintas zonas y comunidades de Tijuana. Más allá de cómo se evalúe su trayectoria partidista, entró a la conversación con una aspiración pública y con un perfil propio, fuera del equipo inmediato de Burgueño.
Entre las mujeres, Evelyn Sánchez Sánchez cuenta con una plataforma distinta: es diputada local de Morena por el Distrito XI, tiene actividad legislativa y presencia territorial en la ciudad, y manifestó interés en participar en el proceso municipal.
Esa trayectoria la coloca en una posición más visible que la de una aspiración construida principalmente desde una función dentro del Ayuntamiento. Su participación también le da mayor peso a la conversación sobre qué perfiles femeninos podrían competir, si Morena determina que la candidatura corresponda a una mujer.
Nada de esto garantiza que García o Sánchez obtengan la candidatura. La definición dependerá del método interno, de las mediciones que establezca Morena y de los acuerdos políticos que acompañen el proceso.
Lo que sí muestra el nuevo escenario es que Teresita y Ramón enfrentaban una competencia cuesta arriba, incluso antes de que Burgueño anunciara su participación. Sus posibilidades no dependían solamente de la voluntad de competir, sino de construir respaldo frente a perfiles con mayor trayectoria pública y posicionamiento propio.
La derrota estatal de Burgueño no borró su proyecto político; lo trasladó a la contienda municipal. Al hacerlo, la ruta quedó más clara para él y más estrecha para quienes desde su administración también podían buscar ese espacio.
En Tijuana, la definición que viene no sólo decidirá quién encabeza la candidatura. También pondrá a prueba cuánto margen político conserva cada integrante del equipo municipal cuando el alcalde vuelve a ocupar el centro de la disputa.