Más de 1.6 millones de mexicanos en Estados Unidos cuentan hoy con credencial para votar desde el extranjero, según el INE. La iniciativa presentada por la presidenta Claudia Sheinbaum plantea facilitar el registro único, agilizar la credencialización y crear diputados migrantes elegidos exclusivamente por connacionales en el exterior, con implicaciones directas para los estados de la frontera norte.

Ciudad de México, 25 de febrero de 2026. — La reforma electoral presentada este miércoles por la presidenta Claudia Sheinbaum introduce un componente que trasciende el debate tradicional sobre costos, plurinominales o rediseño institucional: coloca en el centro al voto migrante y propone mecanismos para fortalecer su representación directa.
En un país con una diáspora que supera los 11 millones de personas en Estados Unidos, el voto desde el extranjero ha dejado de ser una figura simbólica. De acuerdo con cifras oficiales del Instituto Nacional Electoral (INE), hasta noviembre de 2024 se habían emitido 1,685,402 Credenciales para Votar desde el Extranjero (CPVE), de las cuales 1,636,634 corresponden a mexicanos residentes en Estados Unidos, el principal destino migratorio del país, como segundo destino de los connacionales está Canadá con 15 mil 866; después España, con 6 mil 655; le siguen Alemania, con 4 mil 239, y Francia con 3 mil 08. En el proceso electoral federal 2023-2024, además, 184,326 connacionales emitieron su voto bajo las modalidades electrónica, postal y presencial en sedes consulares.
Durante los primeros cinco meses de 2025, el INE informó haber entregado 66,952 credenciales para votar desde el extranjero, lo que confirma que la credencialización consular sigue activa y en expansión.
Con estos datos como base, la propuesta presidencial abre un escenario distinto: no solo mantener el voto extraterritorial, sino simplificarlo y dotarlo de representación propia.
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Registro único y simplificación del trámite: menos barreras para votar
Uno de los cambios centrales adelantados por Sheinbaum es que los mexicanos residentes en el extranjero solo deberán registrarse una vez para poder emitir su voto en procesos federales subsecuentes. En la práctica, esto significa eliminar trámites recurrentes que en elecciones anteriores implicaban reinscripción o actualizaciones periódicas en la Lista Nominal del Electorado en el Extranjero.
“Ahora, de acuerdo a la proporción que se obtenga que establece la ley actual, solo pueden votar por ellos los mexicanos en el exterior”, explicó la mandataria al detallar el mecanismo previsto para los llamados diputados migrantes, según retomó el medio Animal Político en su cobertura de los puntos clave de la reforma.
La simplificación administrativa no es menor. Diversos estudios académicos han señalado que el principal obstáculo para elevar la participación migrante no es el desinterés político, sino la complejidad logística y la desinformación sobre procedimientos. Al reducir barreras, la reforma apunta a aumentar la efectividad de un padrón que ya supera el millón y medio de credencializados en Estados Unidos.
Además, la presidenta afirmó que se facilitará el trámite de la credencial para votar desde el extranjero, lo que podría traducirse en procesos consulares más ágiles o en mayor coordinación digital con el INE. Si bien los detalles operativos deberán definirse en la legislación secundaria y en acuerdos administrativos del organismo electoral, el planteamiento marca un giro hacia la expansión del derecho político de la diáspora.
Diputados migrantes: representación elegida desde el exterior
El elemento más novedoso es la creación de diputados migrantes que serán elegidos exclusivamente por mexicanos residentes fuera del país. Según lo explicado por Sheinbaum y difundido en el canal de la presidenta en YouTube, estos representantes no serán electos por el conjunto del electorado nacional, sino únicamente por quienes viven en el extranjero.
La distinción es relevante. Actualmente, la representación migrante depende en gran medida de decisiones internas de los partidos, ya sea mediante postulaciones en listas de representación proporcional o candidaturas simbólicas. Con la propuesta, la diáspora dejaría de ser solo un segmento electoral disperso para convertirse en una circunscripción política con capacidad de elegir directamente a sus representantes.
Días antes del anuncio presidencial, senadoras del Partido del Trabajo habían impulsado iniciativas en la misma dirección, como informó Capital México, al promover el voto migrante para elegir legisladores desde el extranjero. La convergencia entre esa propuesta legislativa y el planteamiento presidencial sugiere que la reforma recoge demandas acumuladas dentro del oficialismo y entre organizaciones de migrantes que desde hace años buscan una representación más robusta.
En términos políticos, esto implica reconocer que los mexicanos en el exterior no solo envían remesas —que en 2025 volvieron a marcar cifras récord—, sino que constituyen una comunidad con intereses específicos en materia de política exterior, servicios consulares y derechos binacionales.
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Impacto en la frontera norte: nuevos incentivos y reconfiguración política
Para los estados fronterizos —Baja California, Sonora, Chihuahua, Coahuila y Tamaulipas— el cambio puede tener efectos más amplios de lo que parece. Estas entidades concentran flujos migratorios constantes y mantienen vínculos económicos, familiares y culturales intensos con comunidades en Estados Unidos.
La creación de diputados migrantes podría modificar los incentivos de los partidos en la región. La frontera norte ha sido históricamente terreno competitivo, con alternancias frecuentes y márgenes cerrados. Si la diáspora adquiere representación propia, los actores políticos locales podrían reforzar estrategias de vinculación con organizaciones migrantes y con comunidades transfronterizas.
Asimismo, si la reforma avanza en la revisión de la representación proporcional o en ajustes a la integración del Congreso, podría abrir la puerta a discusiones sobre redistritación en estados con crecimiento demográfico sostenido. El INE tendría la responsabilidad técnica de garantizar que cualquier rediseño preserve el principio de equidad poblacional.
En este contexto, la ampliación de derechos para el voto migrante no ocurre en el vacío: interactúa con dinámicas territoriales específicas de la frontera, donde la política nacional y la realidad binacional se entrelazan cotidianamente.

Entre la ampliación de derechos y el debate legislativo
El enfoque de la reforma en materia migrante permite una lectura positiva en términos de ampliación de derechos políticos. Simplificar el registro, facilitar la credencialización y crear representación directa son medidas que, de concretarse, fortalecerían la inclusión democrática de una comunidad históricamente subrepresentada.
Pero el proyecto aún deberá superar el filtro legislativo. Las modificaciones constitucionales requieren mayoría calificada en ambas cámaras, y la discusión sobre representación proporcional o reducción de escaños puede generar reservas en fuerzas de oposición.
Además, la implementación técnica recaerá en el INE, que deberá adaptar procedimientos, plataformas digitales y coordinación consular para hacer viable el registro único y la elección diferenciada de diputados migrantes.
En última instancia, la reforma plantea una pregunta de fondo: ¿está México dispuesto a integrar plenamente a su diáspora como actor político estructural y no solo como electorado complementario?
Con más de 1.6 millones de credencializados en Estados Unidos y una participación que, aunque todavía moderada, crece elección tras elección, el voto desde el extranjero se perfila como una dimensión cada vez más influyente del sistema democrático mexicano. Para la frontera norte, donde la movilidad y la identidad binacional forman parte del día a día, la propuesta podría representar no solo un ajuste técnico, sino una redefinición del vínculo entre territorio, representación y ciudadanía.
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El peso político de la diáspora en el nuevo equilibrio electoral
El voto en el extranjero fue incorporado formalmente al sistema electoral mexicano en 2005 y debutó en la elección presidencial de 2006 con participación limitada. Desde entonces, el modelo ha evolucionado: primero voto postal, después registro digital y más recientemente modalidad electrónica y presencial en sedes consulares. Sin embargo, durante casi dos décadas la representación migrante fue indirecta.
La reforma presentada este 25 de febrero introduce un cambio conceptual: no se trata solo de permitir votar, sino de permitir elegir representantes propios. En términos comparados, diversos países con alta emigración —como Italia o Francia— cuentan con circunscripciones especiales para ciudadanos en el exterior. México, de aprobar la propuesta, avanzaría hacia un esquema similar, adaptado a su propio marco constitucional.
Para la frontera norte, esta transformación puede traducirse en un nuevo equilibrio político. Estados como Baja California y Chihuahua mantienen redes familiares, comerciales y sociales profundamente entrelazadas con California, Texas o Arizona. La representación migrante podría influir en agendas legislativas vinculadas a derechos laborales transfronterizos, reconocimiento de doble nacionalidad, protección consular y cooperación binacional.
Además, la reducción de fricciones administrativas mediante el registro único podría impactar en la tasa de participación. Aunque los 184,326 votos emitidos en 2024 representan una proporción aún modesta frente al padrón nacional, el universo potencial —más de 1.6 millones de credencializados solo en Estados Unidos— revela un margen significativo de crecimiento.
El desafío será doble: por un lado, garantizar que la implementación técnica preserve la seguridad y confiabilidad del sistema; por otro, asegurar que la representación migrante no se diluya en negociaciones partidistas internas. La clave estará en el diseño específico de las circunscripciones y en la claridad de las reglas para su elección.
La reforma electoral de 2026 no se agota en el voto migrante. Incluye debates sobre financiamiento, representación proporcional y rediseño institucional. Pero en el ámbito de la diáspora introduce un mensaje político claro: la comunidad mexicana en el exterior deja de ser únicamente emisora de remesas para consolidarse como sujeto pleno de representación democrática.
En la frontera norte, donde la línea divisoria es geográfica pero no social, esa redefinición puede tener efectos duraderos. Si el Congreso avala el proyecto, México estaría dando un paso hacia la integración estructural de su ciudadanía transnacional en el sistema político. Si no lo hace, el debate habrá dejado en claro que la diáspora ya no es un actor periférico, sino una pieza estratégica del futuro electoral del país.
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