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‘Los sueños que compartimos’: Valentina Leduc lleva al cine la esperanza de las comunidades organizadas

La ópera prima de la cineasta mexicana encuentra un vínculo entre comunidades de México, España y Alemania que, pese a hablar lenguas distintas, comparten una misma defensa del territorio, el agua y los bosques.

Fotograma del documental Los sueños que compartimos de Valentina Leduc mostrando a activistas indígenas portando caretas protectoras y saludando desde una embarcación.
Fotograma de la película documental «Los sueños que compartimos», ópera prima de Valentina Leduc que visibiliza la lucha por el territorio y el agua de comunidades en México, España y Alemania. Foto: Cortesía.

Ciudad de México, 11 de septiembre de 2026.- Hay películas que buscan respuestas y otras que, antes que nada, quieren demostrar que todavía es posible formular preguntas en común. Los sueños que compartimos (2025), ópera prima de Valentina Leduc (La vocera, 2020; Las oscuras primaveras, 2014), pertenece a esa segunda clase: parte de un viaje zapatista a Europa para mirar qué ocurre cuando personas separadas por miles de kilómetros, idiomas y experiencias históricas descubren que están defendiendo algo parecido.

El documental llega este viernes a la Cineteca Nacional, después de su recorrido por festivales y espacios de exhibición en México, Europa y Asia. Leduc, reconocida durante años por su trabajo como editora, construyó su primera película como directora alrededor de una pregunta sencilla y difícil a la vez: ¿qué queda cuando se mira el mundo desde la posibilidad de transformarlo?

La respuesta no está planteada como una consigna. Está en los cuerpos que se organizan, en las personas que se reúnen para defender un bosque, en quienes cierran una planta para recuperar el agua de sus comunidades, en jóvenes que deciden vivir en los árboles para impedir que un territorio sea destruido.

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Un viaje que encontró otras historias

El punto de partida fue el Viaje por la Vida emprendido por comunidades zapatistas hacia Europa en 2021. De acuerdo con Leduc, cuando supo del viaje buscó a sus integrantes para proponerles acompañarlos con una cámara y registrar también a los colectivos que los recibirían.

La respuesta fue un sí.

Leduc y el cinefotógrafo Juan Carlos Rulfo (Cartas a distancia, 2021; Lorena, la de los pies ligeros, 2019; )comenzaron a filmar desde Chiapas, donde siguieron las despedidas de la comitiva en distintos caracoles. Después, el viaje llevó la película hacia otros territorios: Froxán, en Galicia; Lützerath, en Alemania; y Santa María Zacatepec, en el municipio poblano de Juan C. Bonilla.

La propia Leduc ha insistido en que Los sueños que compartimos no es una película sobre el zapatismo en sentido estricto. El movimiento aparece como una especie de hilo conductor: una experiencia que, después de décadas de organización comunitaria, encontró resonancias en otras luchas, en acontecimientos que ya están ocurriendo.

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Cuando el idioma deja de ser una frontera

Los protagonistas de estas historias no hablan todos la misma lengua. El registro oficial de la película incluye español, gallego, inglés y alemán; la versión actualmente presentada por la Cineteca también incorpora tseltal entre sus idiomas.

Pero el documental propone que quizá hay formas de comunicación que no necesitan traducción inmediata.

Un bosque que desaparece. El agua que deja de llegar a una comunidad. Una tierra amenazada por una explotación minera. Personas que se reúnen para impedirlo.

Hay algo que se entiende antes de las palabras.

Ahí es donde el viaje zapatista adquiere una dimensión más allá del desplazamiento geográfico. Lo que se transmite de un territorio a otro es la experiencia, la posibilidad de organizarse, de reconocerse como comunidad y de actuar sobre aquello que afecta la vida cotidiana.

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Los jóvenes que hicieron de los árboles su casa

En Lützerath aparece quizá una de las imágenes más extraordinarias del documental: jóvenes que viven en casas construidas sobre los árboles para defender el bosque frente a la expansión de una mina de carbón a cielo abierto.

Una historia fascinante y especialmente cinematográfica para Leduc. Durante más de dos años, jóvenes activistas ocuparon cabañas suspendidas entre los árboles en la zona amenazada por la expansión de la mina. Estos muchachos hicieron de las copas de los árboles un espacio de resistencia.

Hay algo casi fantástico en esa imagen. Uno podría pensar en los Ewoks de Star Wars: esos pequeños habitantes peludos que construyen su vida entre los árboles de Endor y que, cuando su hogar está amenazado, dejan de ser criaturas aparentemente frágiles para convertirse en defensores feroces de su territorio.

También estos muchachos de Lützerath tratan de impedir que desaparezca aquello que consideran su hogar. Y en su lucha le dan un respiro al planeta.

La historia de Lützerath se entrelaza con la de Galicia, donde familias combaten la expansión del eucalipto y trabajan en la recuperación de bosques nativos. En Puebla, la lucha ocurre alrededor del agua: comunidades de Santa María Zacatepec y otros pueblos de la región se organizaron para recuperar el acceso a sus recursos hídricos después de cerrar las instalaciones de Bonafont.

Tres territorios, tres conflictos distintos. Una misma intención: organizarse para defender la Tierra.

Fotograma del documental Los sueños que compartimos que muestra casas construidas en las copas de los árboles por jóvenes en Lützerath, Alemania, para defender el bosque.
Fotograma del documental «Los sueños que compartimos» (dir. Valentina Leduc), que documenta las casas en los árboles habitadas por activistas en Lützerath, Alemania, para detener la expansión de una mina de carbón. Foto: Cortesía.

Una película que aprendió a mirar

Hay otra historia detrás de Los sueños que compartimos: la relación entre una cámara y las comunidades que aceptan ser filmados.

Leduc y Rulfo trabajaron durante tres años en el documental. La directora ha explicado que la película se construyó también a partir de relaciones de confianza con los colectivos, cuyos integrantes pudieron conocer el corte final. Para Leduc era importante que estuvieran de acuerdo con la manera en que sus procesos habían sido narrados, en una época en la que muchas comunidades han aprendido a desconfiar de las cámaras. Una imagen puede visibilizar una lucha, pero también puede exponer a quienes participan en ella, descontextualizar una acción o convertir una experiencia colectiva en espectáculo.

Por eso el documental parece preguntarse también qué significa mirar.

No basta con llegar, grabar y marcharse. Hay que quedarse el tiempo suficiente para comprender que detrás de una protesta hay relaciones, discusiones, contradicciones, cuidados y formas de organización que no caben necesariamente en una imagen.

Juan Carlos Rulfo lo expresó desde otra perspectiva: las personas tienen mucho que decir, pero no siempre encuentran cómo hacerlo. Para él, el filme intenta construir caminos que permitan esa conexión; en ese gesto encuentra también su dimensión política.

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La esperanza no como consuelo, sino como práctica

El futuro que plantea Los sueños que compartimos es que los problemas no desaparecen por arte de magia y sí con la unión y resistencia.

En Galicia, personas que restauran bosques. En Alemania, jóvenes que ponen el cuerpo para defender un territorio. En Puebla, comunidades que se organizan alrededor del agua.

Leduc ha explicado que quería apartarse de una narrativa dominada por el miedo, la catástrofe y la sensación de que nada puede hacerse. Para la directora, mostrar la crisis es necesario, pero también lo es contar las posibilidades de salir de ella.

La esperanza que propone Leduc tiene una dimensión más concreta: reunirse, ponerse de acuerdo, cuidar un territorio, recuperar un bosque, defender el agua, permanecer.

En una de las ideas que atraviesan la película, la organización permite que personas que parecían aisladas descubran que no lo están.

Quizá por eso el idioma termina siendo secundario. Una palabra en tseltal, alemán, gallego o español puede necesitar traducción. La defensa de un río, de un bosque o de una casa, no.

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El cine como forma de involucrarse

Para Leduc, hacer la película también significó abandonar temporalmente el lugar desde el que había construido buena parte de su trayectoria: el de la editora que organiza imágenes ajenas.

Su experiencia en montaje, sin embargo, no desapareció. Por el contrario, se convirtió en una herramienta para dirigir su primera película. Leduc asumió el guion y la edición junto con Martha Uc, mientras Juan Carlos Rulfo estuvo a cargo de la fotografía y ambos participaron en el sonido.

El resultado es una película que muestra unas historias al lado de otras, hasta que puedan reconocerse.

En septiembre de 2026, cuando Los sueños que compartimos llega a la Cineteca Nacional, aquella travesía iniciada alrededor del viaje zapatista continúa de otra manera. El equipo realizó recientemente una gira por Alemania, Bélgica, Francia y España para devolver la película a los territorios y a las personas que participaron en ella.

La película vuelve así a los lugares de donde nació.

Y quizá ese regreso sea una de sus imágenes más hermosas: una historia que comenzó siguiendo a una comunidad que cruzaba el océano termina cruzando nuevamente las fronteras para encontrarse con quienes la hicieron posible.

Los sueños que compartimos propone que aprendamos a reconocer los sueños de otros cuando se parecen a los nuestros.

Un árbol puede ser una casa. Un bosque puede ser un territorio. El agua puede convertirse en una causa común. Una lengua distinta no tiene por qué ser una frontera.

Una cámara puede servir para descubrir que al otro lado del mundo hay alguien intentando defender, con las herramientas que tiene, aquello que para nosotros también significa vivir.

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Proyecciones en la Cineteca Nacional

Los sueños que compartimos llega a los tres complejos de la Cineteca Nacional en Ciudad de México a partir del viernes 11 de septiembre y hasta el 17 de septiembre de 2026. El estreno está programado para las 18:15 horas en la Sala 10 de Cineteca Nacional México, en Xoco, con una sesión de preguntas y respuestas junto a Valentina Leduc y parte del equipo de la película.

La película también tendrá funciones en Cineteca Nacional de las Artes y Cineteca Nacional Chapultepec. La cartelera y los horarios de las siguientes proyecciones pueden consultarse directamente en la programación de la Cineteca Nacional.

Póster oficial del documental Los sueños que compartimos de Valentina Leduc, con la ilustración de una figura encapuchada que abraza un árbol con casas de madera, un barco y naturaleza.
Póster del documental «Los sueños que compartimos», dirigido por Valentina Leduc, que aborda las luchas comunitarias y ecológicas en México, España y Alemania. Foto: Cortesía.

Ficha técnica

Los sueños que compartimos
Dirección: Valentina Leduc
País: México
Año: 2025
Duración: 102 minutos
Formato: Color
Idiomas: español, inglés, gallego, alemán y tseltal
Fotografía: Juan Carlos Rulfo
Música: Leo Heiblum
Producción: Carolina Coppel

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