La ópera prima de Gabriel Gutiérrez Morales tuvo su estreno mundial en la 83ª Mostra de Venecia. Protagonizada y producida por Humberto Busto, la cinta sigue el encuentro entre un hombre gay de mediana edad y un joven queer ruso que llega a Tijuana huyendo de la represión y la guerra.

Venecia, Italia, 7 de septiembre de 2026.- Tijuana llegó este fin de semana a la pantalla de la 83ª Mostra Internazionale d’Arte Cinematografica de Venecia con una historia que desplaza la mirada habitual sobre la frontera. Tijuana, todavía, ópera prima de Gabriel Gutiérrez Morales, tuvo su estreno mundial el 5 de septiembre en la Sala Giardino del Lido y presenta el encuentro entre dos hombres unidos por distintas formas de exilio, deseo y búsqueda de pertenencia.
La película, producida por Fosfo Producciones y protagonizada por Humberto Busto y Petr Filimonov, forma parte de Biennale College Cinema, el programa de La Biennale di Venezia dedicado al desarrollo y producción de proyectos cinematográficos de bajo presupuesto. La cinta tiene una duración de 94 minutos y está hablada en español, inglés y ruso.
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Una frontera donde se cruzan migración e identidad
La historia sigue a Chava, un hombre gay de mediana edad interpretado por Busto, y Maksim, un joven queer ruso interpretado por Filimonov. El personaje llega a México después de escapar de la represión en Rusia y del riesgo de ser reclutado para la guerra en Ucrania.
En Tijuana, ambos se conocen a través de una aplicación de encuentros. Lo que comienza como un acercamiento marcado por el deseo deriva en un reconocimiento mutuo entre dos personas que han experimentado distintas formas de desarraigo.
El argumento parte de una ciudad atravesada por la frontera física entre México y Estados Unidos, pero desplaza el concepto hacia otras fronteras: las de la identidad, el exilio, la edad, el deseo y la pertenencia.
IMCINE describe la película como una historia en la que “cruzan los migrantes y las identidades” y señala que el encuentro entre Chava y Maksim nace del deseo para avanzar hacia el reconocimiento del otro.
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Tijuana como algo más que una frontera
La elección de Tijuana no es circunstancial. La ciudad forma parte de la construcción dramática de la película y permite al director explorar una frontera que no se limita a la geografía.
En una entrevista publicada por IMCINE antes del estreno, Gutiérrez Morales explicó que la película nació de sus propias experiencias y de su interés por personajes queer alejados de las representaciones más convencionales. El director recordó particularmente a los hombres mayores que conoció cuando vivía en Tijuana y cuestionó la idea de que las personas deban sentirse necesariamente más cómodas con su identidad conforme avanzan en edad.
Esa decisión coloca en el centro a un personaje gay de entre 40 y 50 años, una franja de edad que, según Humberto Busto, ha recibido menor representación dentro del cine LGBT+. El actor y productor explicó que el proyecto buscaba construir un puente entre personajes queer de distintas generaciones y orígenes, sin reducir la historia a códigos o estereotipos.
La película propone así una Tijuana distinta de la que suele aparecer asociada exclusivamente con violencia, narcotráfico o tránsito migratorio. La ciudad funciona como un espacio de encuentro entre personas que intentan reconstruir su vida y establecer vínculos en medio del desarraigo.
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Petr Filimonov: del exilio real a la ficción
La historia de Maksim tiene una conexión particular con la vida de Petr Filimonov. El actor ruso contó a IMCINE que desde las primeras escenas del guion reconoció elementos de su propia experiencia y que se identificó con la sensación de haber sido arrancado de sus raíces.
Filimonov explicó que abandonó Rusia debido a su posición crítica frente al Gobierno de ese país y para conservar la posibilidad de hablar públicamente. Su experiencia personal se convirtió en una referencia para construir a Maksim, aunque la película no se presenta como una reconstrucción documental de su vida.
La relación entre realidad y ficción también fue parte del proceso creativo. Busto explicó a IMCINE que la película incorpora experiencias reales y plantea una frontera deliberadamente tenue entre el trabajo de los actores y las heridas personales que llevan a la ficción.
El vínculo entre Filimonov y el proyecto también había sido destacado por EFE antes del estreno. La agencia informó que la película se acercó a la experiencia de personas queer rusas que habían buscado refugio en Tijuana y que el actor ruso aportó al proyecto una experiencia personal relacionada con el exilio.
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Una película producida en cinco meses
El recorrido de Tijuana, todavía hasta Venecia también resulta poco habitual.
La película fue desarrollada dentro de Biennale College Cinema, un programa de La Biennale di Venezia que selecciona proyectos de distintos países y acompaña su producción. De acuerdo con PRODU, el equipo completó el proceso de desarrollo, escritura, rodaje y entrega de la película en aproximadamente cinco meses, con un presupuesto cercano a los 200,000 euros.
La producción concluyó después de un rodaje realizado en la frontera norte. EFE había documentado que el equipo se acercó a refugios de migrantes, entre ellos Casa de Luz, para conocer las experiencias de personas rusas queer que habían llegado a México y quedaron varadas en el país ante el endurecimiento de las políticas migratorias estadounidenses.
Para Busto, llevar una historia de estas características a un festival internacional también supone una oportunidad para ampliar la conversación sobre el cine queer latinoamericano. La producción, además, busca evitar que las historias LGBT+ sean contadas únicamente desde perspectivas externas a las comunidades que representan.
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Venecia y la competencia por el Queer Lion
El estreno en Venecia no es solamente la primera presentación internacional de la película. Tijuana, todavía compite por el Queer Lion, reconocimiento que distingue una película de temática LGBT+ dentro de la Mostra.
La presencia de Tijuana, todavía en Venecia coloca así a una producción mexicana de escala independiente dentro de uno de los principales escaparates cinematográficos internacionales. Su recorrido comenzó en una ciudad fronteriza mexicana que el filme convierte en algo más que un punto de tránsito.
En Tijuana, todavía, la frontera no termina en la línea que separa México de Estados Unidos. Está también en quienes llegan a una ciudad sin saber si podrán convertirla en hogar, en quienes intentan relacionarse después del exilio, en las diferencias de edad y experiencia, y en la dificultad de encontrar una representación propia dentro de la cultura.
La película llega a Venecia con esa mirada: una historia queer mexicana construida desde Tijuana y atravesada por una experiencia internacional de desplazamiento.
Gabriel Gutiérrez Morales convierte la frontera en el punto donde dos personas procedentes de realidades distintas pueden encontrarse. Tijuana,todavía lleva así al festival de Venecia una pregunta que pertenece tanto a la ciudad como a sus personajes: qué significa encontrar un lugar al que se pueda llamar hogar después de haberlo perdido.


