El director chino presenta en ‘Resurrection’ una reflexión sobre el tiempo, los sueños y la historia del séptimo arte. Gan hace que cada episodio funcione como una evocación. Los personajes parecen desplazarse por escenarios donde el pasado nunca desaparece del todo y donde el tiempo deja de ser una línea recta para convertirse en un espacio que puede recorrerse en múltiples direcciones.

24 de julio, Ciudad de México. — Desde que Bi Gan irrumpió en el panorama internacional con Kaili Blues (2015), su filmografía ha sido una exploración constante del tiempo, la memoria y los espacios donde los recuerdos se confunden con los sueños. Su nueva película, Resurrection (2025), presentada en la Competencia Oficial del Festival de Cannes 2025, profundiza esa búsqueda hasta llevarla a una experiencia sensorial.
El filme plantea una reflexión sobre aquello que permanece cuando el tiempo modifica los cuerpos, las ciudades y las imágenes. En un momento en que buena parte de la industria cinematográfica privilegia la velocidad narrativa y el espectáculo inmediato, el cineasta chino insiste en un lenguaje que exige contemplación. Sus películas invitan a observar el paso del tiempo, la textura de los espacios y las emociones que sobreviven entre silencios. Esa apuesta formal ha consolidado a Bi Gan como una de las voces más singulares del cine contemporáneo asiático y uno de los autores más influyentes de la última década.
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El cine como memoria
En Resurrection Bi Gan imagina un futuro donde la humanidad ha renunciado a la capacidad de soñar a cambio de la inmortalidad. En medio de ese paisaje aparecen “los delirantes”, personas que se niegan a alinearse y se aferran a conservar esa facultad. A través de sus recuerdos, el espectador emprende un recorrido por distintas épocas, estilos y formas cinematográficas que terminan dialogando entre sí: cine expresonista, cine mudo, cine negro.
Gan hace que cada episodio funcione como una evocación. Los personajes parecen desplazarse por escenarios donde el pasado nunca desaparece del todo y donde el tiempo deja de ser una línea recta para convertirse en un espacio que puede recorrerse en múltiples direcciones.
Esta manera de entender el relato ha acompañado al director desde sus primeros trabajos. En Kaili Blues, los desplazamientos físicos del protagonista terminaban convirtiéndose en viajes interiores donde presente y pasado coexistían. Tres años después, en Long Day’s Journey Into Night perfeccionó esa búsqueda mediante un célebre plano secuencia de casi una hora filmado en tres dimensiones, considerado por numerosos críticos como una de las secuencias más importantes del cine del siglo XXI.
Bi Gan amplía todavía más esa exploración. Si las películas anteriores de Bi Gan interrogaban la memoria individual, en Resurrection parece preguntarse por la memoria del propio cine. Cada uno de los episodios remite a diferentes momentos de la historia cinematográfica y construye un diálogo entre géneros, formatos y tradiciones visuales que abarcan desde los orígenes del séptimo arte hasta las posibilidades contemporáneas de la imagen digital.
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Una de las voces más interesantes del cine chino
Aunque con frecuencia se le relaciona con la llamada Sexta Generación del cine chino, Bi Gan ocupa un lugar singular dentro de esa tradición. Nació en la provincia de Guizhou en 1989, creció lejos de los grandes centros de producción cinematográfica del país. Esa distancia geográfica terminó convirtiéndose en una de las características esenciales de su obra.
Sus películas rara vez muestran la China monumental o las grandes metrópolis. Prefieren los paisajes húmedos del sur del país, las pequeñas ciudades industriales, los barrios donde el tiempo parece avanzar con tranquilidad. Esa elección estética dota a sus historias de íntimidad y familiaridad, donde los espacios poseen casi la misma importancia que los personajes.
En su cine conviven ecos de Andrei Tarkovski, Apichatpong Weerasethakul, Hou Hsiao-hsien y Wong Kar-wai.
Su reconocimiento internacional comenzó en el Festival de Locarno, donde Kaili Blues obtuvo el premio al Mejor Director Emergente. Posteriormente, Long Day’s Journey Into Night consolidó su prestigio en festivales como Cannes y confirmó que el joven cineasta había logrado desarrollar un lenguaje visual capaz de trascender las fronteras del cine chino.

La crítica: un viaje por la historia del cine
Desde su estreno mundial en Cannes, Resurrection fue recibida como una de las obras más ambiciosas de la edición. En una selección marcada por propuestas que reflexionaban sobre el presente político y las fracturas sociales, la película de Bi Gan destacó por dirigir la mirada hacia el propio lenguaje cinematográfico. En lugar de preguntarse qué puede contar el cine, el realizador parece interesado en responder “qué puede recordar el cine cuando todo lo demás desaparece”.
La crítica internacional coincidió en señalar esa vocación autorreflexiva. Jessica Kiang, de Variety, describió la película como “una joya del cine de autor” y destacó la capacidad de Bi Gan para transformar cada episodio en una exploración de distintas posibilidades expresivas del séptimo arte. Para la crítica estadounidense, Resurrection funciona al mismo tiempo como una celebración de la historia del cine y como una demostración de que ese lenguaje continúa reinventándose.
La observación de Variety ayuda a comprender la naturaleza del proyecto. Bi Gan no parece interesado en construir una película sobre el cine desde la nostalgia. Por el contrario, utiliza la memoria cinematográfica como un territorio vivo donde conviven el expresionismo, el melodrama, la ciencia ficción, el cine negro y la experimentación contemporánea. Cada fragmento dialoga con una tradición distinta y demuestra que las imágenes nunca desaparecen del todo: sobreviven transformadas en otras imágenes.
Una percepción similar aparece en la reseña publicada por Peter Bradshaw en The Guardian. El crítico británico define Resurrection como una obra “audaz y ambiciosa”, capaz de borrar las fronteras entre el sueño, la alucinación y la memoria mediante una puesta en escena de extraordinaria riqueza visual. Su lectura insiste en que Bi Gan no persigue una lógica narrativa convencional, sino una experiencia inmersiva donde el espectador debe aceptar perder las certezas para dejarse conducir por el flujo de las imágenes.
La crítica española también encontró en la película una reflexión sobre la naturaleza cambiante del cine. Para Sergi Sánchez, de Fotogramas, Bi Gan entiende el séptimo arte como un organismo vivo que muta constantemente. Esa idea se manifiesta en la manera en que Resurrection cambia de registro visual, de ritmo y de género sin romper nunca la unidad emocional del conjunto. Cada transformación parece responder a una misma pregunta: ¿cómo ha evolucionado nuestra manera de mirar el mundo desde que existe el cine?
La película no busca reconstruir el pasado, sino mostrar cómo los recuerdos sobreviven deformados por la imaginación y por la propia experiencia de mirar.
Los encuadres prolongados, los desplazamientos fluidos de cámara y la manera en que los personajes parecen atravesar escenarios suspendidos entre la realidad y la imaginación generan una sensación hipnótica. En ese universo visual adquieren especial relevancia las interpretaciones de Jackson Yee y Shu Qi. Ambos actores construyen personajes cuya expresividad sostiene los silencios, las miradas y los pequeños gestos.
La llegada de Resurrection a las salas mexicanas confirma la consolidación de Bi Gan como una voz interesante del cine contemporáneo. El filme exige paciencia y disposición por parte del espectador, pero esa demanda encuentra una recompensa gozoza visual y emocional.
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