
Aquí en la frontera ya estamos curtidos. Sabemos que cuando hay balazos, hay políticos formándose para salir en la foto. El fin de semana no fue cualquier cosa: operativo contra “El Mencho”, país sacudido, 25 elementos del Ejército y la Guardia Nacional muertos. Veinticinco uniformes que no regresaron a casa. Y mientras las familias lloraban, algunos ya estaban redactando el post.
La diputada Evangelina Moreno —ahora más conocida como Eva Moreno, como si el cambio de nombre fuera parte del relanzamiento— no dejó pasar la ola. Salió con su propuesta de que si un héroe muere en servicio, su familia reciba casa o pensión vitalicia. La idea suena bonita. Muy bonita. De esas que nadie se atreve a criticar. Pero lo que brinca no es el qué, sino el cuándo.
Porque el mensaje no llegó como debate serio en tribuna, sino como publicación emotiva, bien empaquetada, amplificada desde esos espacios que no informan: venden narrativa. Corazoncitos, banderitas, lágrimas digitales. Campaña disfrazada de sensibilidad.
Y no es coincidencia que la misma diputada lleve semanas apareciendo en “encuestas” de redes donde mágicamente va arriba rumbo a la candidatura de Morena para la gubernatura en 2027. Primero te posicionas. Luego te victimizas. Después te proyectas. El manual es viejo, aunque lo quieran pintar de guinda.
En política hay algo que huele peor que la sangre: el oportunismo. Y cuando usas una tragedia nacional para empujar tu nombre, eso ya no es empatía. Es cálculo.
Del otro lado está Gilberto Herrera con su frase de estampita: “Tijuana tiene quien la defienda”. Así, como si fuera superhéroe de Marvel versión frontera. ¿Defenderla de qué, diputado? ¿De la inseguridad? ¿De los recortes? ¿De la violencia que lleva años golpeando colonias? Porque defender no es decirlo. Defender es hacerlo.
La ciudad no necesita frases bonitas en redes. Necesita resultados que se noten en la calle. Necesita gestión, presupuesto, presión real en el Congreso. No discursos que suenan a arranque de campaña adelantado.
Lo curioso es que ambos mensajes nacen del mismo momento: país en tensión, muertos sobre la mesa, y políticos viendo cómo acomodar la cámara. Morena prometió que serían distintos, que no serían los de antes, que no se subirían a la tragedia. Pero cuando el reflector se prende, algunos olvidan el discurso y recuerdan la ambición.
Veinticinco militares muertos no son contenido. No son pauta. No son escalón electoral. Y Tijuana no necesita salvadores de Facebook.
En la frontera estamos acostumbrados a muchas cosas. A la violencia, al ruido, a la grilla. Pero hay algo que nunca deja de dar coraje: cuando el dolor ajeno se convierte en plataforma personal.
Y eso, aquí y en cualquier parte, tiene nombre. Oportunismo.