
Durante muchos años, Baja California fue considerada una de las economías más dinámicas de México. La cercanía con Estados Unidos, la fortaleza de la industria manufacturera, el crecimiento de las exportaciones y el empuje de miles de empresarios hicieron del estado un referente nacional de competitividad. Esa posición privilegiada no fue producto de la casualidad, sino del trabajo conjunto entre sociedad, iniciativa privada y gobiernos de distintas épocas.
Hoy el panorama luce distinto. La conversación pública ha cambiado de tono y ahora gira, con demasiada frecuencia, alrededor de la pérdida de competitividad, el cierre de empresas, la disminución del empleo formal y la incertidumbre para invertir. Aunque existen proyectos importantes y sectores que continúan creciendo, también es evidente que una parte importante del empresariado percibe que el entorno económico se ha vuelto más complejo que hace algunos años.
El episodio registrado esta semana en Tecate volvió a poner ese debate en el centro de la agenda pública. Durante su conferencia de los jueves, el alcalde Román Cota llamó telefónicamente al presidente del Consejo Coordinador Empresarial de Tecate para pedirle que sustentara sus declaraciones, luego de que éste afirmara que diariamente estaban cerrando empresas en el municipio. El intercambio llamó la atención porque reflejó una discusión que desde hace tiempo se mantiene viva entre autoridades y organismos empresariales.
Independientemente de si la cifra mencionada era exacta o no, el episodio dejó algo muy claro: existe una preocupación genuina entre distintos representantes del sector productivo sobre el rumbo de la economía. Esa preocupación no nació en Tecate ni comenzó esta semana; se ha venido expresando desde hace meses por cámaras empresariales, economistas y dirigentes que advierten un deterioro en la confianza para invertir.
En ese contexto, el nombre del secretario de Economía, Kurt Honold, aparece inevitablemente en el centro del debate. No porque todos los factores económicos dependan exclusivamente de una persona, sino porque la conducción de la política económica forma parte de las responsabilidades de la dependencia que encabeza. Como ocurre con cualquier integrante del gabinete, sus resultados forman parte del balance de la administración.
Las críticas no provienen únicamente de la oposición política. Diversos representantes empresariales han cuestionado públicamente la estrategia económica y han expresado preocupación por la pérdida de competitividad del estado. Hace apenas unas semanas, el economista Roberto Valero Berrospe presentó un análisis basado en cifras del IMSS en el que sostuvo que entre abril de 2025 y abril de 2026 desaparecieron alrededor de 1,600 empresas en Baja California y que la tendencia negativa venía observándose desde 2023. Esos datos alimentaron un debate que continúa abierto.
Más allá de la discusión estadística, existe un elemento que resulta indispensable para cualquier economía: la confianza. Cuando un empresario decide cancelar una inversión, posponer una expansión o cerrar un establecimiento, las consecuencias alcanzan a trabajadores, proveedores y familias enteras. Por ello, la percepción del sector productivo también debe ser considerada un indicador relevante para evaluar una política pública.
Otro episodio que marcó el debate económico durante esta administración fue el ocurrido en el Valle de Guadalupe. Las decisiones relacionadas con la regulación de los espectáculos masivos generaron posiciones encontradas entre autoridades, productores, hoteleros, restauranteros y prestadores de servicios turísticos. Mientras algunos dentro de las organizaciones provino y pro valle defendieron la necesidad de ordenar el crecimiento de la región, otros advirtieron que esas medidas impulsadas por Kurt Honold afectarían la actividad económica y la derrama generada por los grandes eventos.
Con el paso del tiempo, la verdad es innegable: la medida que muchos atribuyen al secretario de haber persuadido a la gobernadora Marina del Pilar Ávila de implementar trajo como consecuencia que diversos negocios del Valle enfrentaron un periodo complicado al grado que de mucho se vieron obligados a cerrar sus puertas.
Recientemente la afectación económica a los negocios del valle de Guadalupe fue exhibida por Influencers gastronómico Arturito quien demostró con sus videos que lo que antes era una región próspera está prácticamente abandonada y muchos le atribuyeron la responsabilidad de esto al recientemente nombrado secretario de turismo Miguel Angel Badiola sin embargo la verdad es quién cabó la tumba del valle de Guadalupe fue Kurt Honor según algunos buscando sus propios intereses con la especulación en los precios de la tierra.
En fechas recientes comenzaron a observarse signos de recuperación con el regreso de algunos festivales y actividades, pero el debate sobre las decisiones adoptadas permanece como un referente obligado cuando se analiza la política económica y turística del estado.
La economía no se fortalece únicamente anunciando inversiones. También requiere construir puentes con quienes generan empleo, escuchar las preocupaciones del sector privado y responder con resultados cuando aparecen señales de alerta. Esa ha sido, precisamente, una de las principales exigencias expresadas por distintos organismos empresariales durante los últimos años.
Tampoco puede perderse de vista que Baja California ha enfrentado un contexto internacional complejo. La desaceleración económica, las altas tasas de interés y la incertidumbre comercial han afectado a distintas regiones del país. Sin embargo, precisamente por las ventajas competitivas del estado, muchos esperaban que la entidad pudiera resistir mejor esos desafíos y mantener el liderazgo que históricamente la distinguió.
La evaluación de una política económica debe realizarse con base en resultados y no únicamente en discursos. Cuando las cifras oficiales generan interpretaciones distintas, cuando los organismos empresariales manifiestan preocupación y cuando la percepción de incertidumbre comienza a extenderse, corresponde al gobierno explicar con claridad cuál es la estrategia para recuperar la confianza.
El caso de Tecate demuestra que la discusión económica ya no se limita a los grandes centros industriales. Municipios con una importante vocación productiva también colocan el tema en la agenda pública y demandan respuestas. Esa realidad obliga a revisar con seriedad el rumbo de las políticas implementadas y a fortalecer el diálogo entre gobierno y sector privado.
Uno de los aspectos que también merece análisis es la decisión de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda de mantener a Kurt Honold al frente de la política económica durante prácticamente toda la administración. En cualquier gobierno, los resultados de un secretario terminan siendo también parte del balance del Ejecutivo que lo respalda. Por ello, las críticas que distintos sectores empresariales han dirigido a la estrategia económica inevitablemente alcanzan también a la titular del Poder Ejecutivo, quien ha decidido sostener el mismo rumbo pese a los cuestionamientos expresados por organismos empresariales y especialistas.
Desde luego, toda administración tiene derecho a defender su estrategia y a considerar que las decisiones adoptadas son las correctas. Sin embargo, en política también cuentan las percepciones. Cuando una parte importante del sector productivo manifiesta preocupación por el cierre de empresas, la pérdida de competitividad o la incertidumbre para invertir, el reto del gobierno no consiste únicamente en responder con cifras, sino en reconstruir la confianza.
Después de casi cuatro años de gestión, el balance económico seguirá siendo objeto de análisis y debate. Habrá quienes destaquen inversiones relevantes y quienes subrayen los indicadores que reflejan dificultades. Lo que parece claro es que persiste una brecha entre el discurso oficial y las preocupaciones expresadas por una parte significativa del sector empresarial.
Porque al final, los gobiernos serán recordados menos por los discursos que pronunciaron y más por los resultados que dejaron. La discusión sobre la gestión de la política económica continuará, pero será la evolución de los empleos, las empresas, la inversión y la confianza empresarial la que termine ofreciendo el balance más sólido sobre este periodo de gobierno.