
La exalcaldesa de Tijuana, Montserrat Caballero, reapareció en redes sociales para responder a las críticas sobre el Malecón de Playas de Tijuana. En una publicación aseguró que dejó “pagado” el proyecto y concluido el diseño arquitectónico de una de las obras más emblemáticas que prometió durante su administración. Sin embargo, la realidad que hoy enfrentan vecinos, comerciantes y autoridades municipales es mucho más compleja que un simple “sí se dejó hecho”.
El proyecto del malecón fue presentado como una de las grandes apuestas de infraestructura turística para la ciudad. Su ejecución implicó contratos por alrededor de 200 millones de pesos y el inicio de trabajos que modificaron por completo el tradicional andador costero de Playas de Tijuana. No obstante, antes de que pudiera concretarse, la obra quedó detenida y la zona terminó convertida en un enorme frente de construcción inconcluso.
La suspensión ocurrió luego de que surgieran observaciones relacionadas con permisos, medidas de seguridad y la viabilidad ambiental del proyecto. Diversos reportes periodísticos documentaron que la intervención no contaba con todos los procedimientos concluidos para una obra de esa magnitud en una zona costera federal, particularmente en lo relacionado con la autorización ambiental definitiva.
A ello se sumó otro problema: el proyecto que originalmente se planteó fue evolucionando conforme avanzaban los trabajos. Lo que inició como una rehabilitación del paseo terminó contemplando infraestructura adicional, muros de protección y modificaciones mayores que derivaron en revisiones técnicas y administrativas. Incluso existen expedientes e investigaciones sobre la actuación de exfuncionarios involucrados en el proceso de autorización y supervisión.
Mientras el debate político continúa, quienes han resentido el mayor impacto son los comerciantes de la zona. Restauranteros, vendedores y prestadores de servicios han denunciado pérdidas económicas severas debido a la disminución del turismo y del flujo habitual de visitantes. Algunos han reportado caídas de hasta un 90 por ciento en sus ingresos, así como despidos y reducción de operaciones.
Por su parte, la administración del alcalde Ismael Burgueño sostiene que actualmente se trabaja en revisar integralmente el proyecto para determinar qué puede rescatarse, qué deberá modificarse y bajo qué condiciones podría retomarse la obra. Entre las acciones en curso se encuentran trabajos de contención y la actualización de aspectos técnicos necesarios para cumplir con los requisitos correspondientes. Sin embargo, hasta el momento no existe una fecha definitiva para concluir el malecón ni un costo final actualizado de la intervención.
Así, aunque Montserrat Caballero sostiene que dejó pagado el proyecto y terminado el diseño arquitectónico, lo cierto es que el Malecón de Playas de Tijuana permanece como una obra detenida, envuelta en cuestionamientos técnicos, administrativos y legales. Más allá de la disputa política por adjudicarse logros o repartir culpas, la imagen que hoy persiste frente al mar es la de un proyecto inconcluso que dejó una de las zonas más emblemáticas de la ciudad convertida en símbolo de promesas que todavía esperan hacerse realidad.