
A dos años de haber llegado al Ayuntamiento de Tijuana, Ismael Burgueño enfrenta una pregunta incómoda: ¿cómo puede un gobierno ofrecer estabilidad a la ciudad si su propio equipo cambia una y otra vez?
La renuncia de Ramón Vázquez Valadez a la Secretaría de Gobierno volvió a poner el tema sobre la mesa. Su salida ocurre apenas cuatro meses después de asumir el cargo y se suma a la de Arnulfo Guerrero, quien dejó esa misma responsabilidad en mayo.
No son dos puestos menores. La Secretaría de Gobierno es una pieza central para mantener la gobernabilidad, atender conflictos y construir acuerdos. Que dos titulares hayan pasado por ahí en pocos meses habla de una oficina que no termina de encontrar estabilidad.
Y el problema rebasa esa secretaría. Un recuento de los movimientos reportados desde el inicio de la administración identifica al menos 33 cambios de titulares o relevos: 11 salidas presentadas como renuncias, seis salidas solicitadas o remociones y 16 relevos, sustituciones o movimientos internos. No son 33 renuncias voluntarias; son 33 señales de rotación en la estructura municipal.
Desde el arranque hubo cambios en áreas clave. La Secretaría de Movilidad, Oficialía Mayor, Comunicación Social, Desarrollo Social, Seguridad, Atención al Migrante, delegaciones y organismos municipales han tenido relevos. En abril de 2025 ya se contabilizaban al menos 15 titulares que habían dejado sus cargos.
Después vinieron más movimientos. En julio de 2025, Burgueño pidió la renuncia de Erik Morales como secretario de Bienestar; días más tarde, también se reportaron las salidas solicitadas de José Alberto Castellanos y la remoción de Erik Jonathan González Nieto. En octubre de ese año dejó el cargo Luis Enrique Díaz, de Administración Urbana.
En 2026 la rotación continuó. Hubo cinco cambios de gabinete en febrero, la salida de Illya Haro de Cultura y, posteriormente, las renuncias de dos funcionarios de esa dependencia. En septiembre se anunciaron nuevos nombramientos en la Secretaría Particular y la Coordinación de Gabinete.
Cada administración tiene derecho a hacer ajustes. Ningún alcalde está obligado a conservar indefinidamente a quienes no cumplen con las responsabilidades de su cargo. Pero cuando los cambios se vuelven constantes, la explicación de que se trata de simples “ajustes” empieza a quedarse corta.
Porque cada relevo implica un periodo de adaptación, nuevas instrucciones, reorganización de equipos y, en ocasiones, proyectos que se detienen o vuelven a empezar. La ciudad no puede darse el lujo de que las prioridades municipales dependan de quién ocupa una oficina esta semana.
Burgueño suele presentar los cambios como decisiones para fortalecer el gobierno. Pero fortalecer no es solamente nombrar a alguien nuevo. También exige explicar qué falló, qué se espera del reemplazo y cómo se garantizará que la dependencia mantenga su trabajo mientras cambia de titular.
En algunos casos, las salidas fueron voluntarias; en otros, se informó que hubo renuncias solicitadas o remociones. Esa diferencia importa. Una renuncia personal no es lo mismo que pedirle a un funcionario que se vaya, y ninguna de las dos cosas debería confundirse con un relevo ordinario. La ciudadanía merece saber qué ocurrió y por qué.
La administración también tiene que responder por la selección de sus perfiles. Si una persona deja el cargo en medio de una denuncia, otra sale tras una auditoría y una más renuncia al poco tiempo de haber asumido, la pregunta no se limita a quién se va: también alcanza a quienes decidieron incorporarla y ponerla al frente de un área pública.
La salida de Ramón Vázquez hace todavía más visible esa fragilidad. El alcalde había negado días antes que el secretario hubiera renunciado y sostuvo que se trataba de versiones. Ahora la renuncia ya fue anunciada. El contraste entre la negativa pública y la salida confirmada deja una duda inevitable sobre la comunicación y la coordinación dentro del propio gobierno.
Y mientras el Ayuntamiento cambia de titulares, los problemas de Tijuana no se ponen en pausa. La ciudadanía sigue esperando servicios eficientes, respuestas oportunas y funcionarios con capacidad para resolver. Los relevos no pueden convertirse en una explicación automática cada vez que algo no funciona.
Burgueño está a dos años de haber asumido la alcaldía. Ya no está en la etapa inicial en la que todo puede atribuirse al acomodo del nuevo gobierno. A estas alturas, la responsabilidad política es suya: le corresponde demostrar que existe un rumbo, que su equipo sabe ejecutarlo y que los cambios obedecen a una estrategia, no a una administración incapaz de sostener a sus propios cuadros.
No hay evidencia pública suficiente para afirmar que esta cifra sea un récord histórico de Tijuana; para decirlo con rigor haría falta comparar las administraciones con el mismo método. Pero 33 movimientos identificables en dos años sí describen una rotación que merece explicaciones y un balance público.
La pregunta, entonces, ya no es cuántos funcionarios más van a salir. Es cuándo va a presentar Ismael Burgueño una evaluación clara de lo que está pasando en su gabinete y cómo piensa evitar que la inestabilidad interna termine afectando, todavía más, la atención que reciben las y los tijuanenses.