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Jíkuri: el viaje de Antonin Artaud a la Sierra Tarahumara

Federico Cecchetti retoma la experiencia del poeta francés en México para construir una película sobre el encuentro entre dos formas de entender el mundo, atravesada por los sueños, la memoria y lo sagrado.

Vista de la Sierra Tarahumara en «Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras», película de Federico Cecchetti
«Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras» (2024), película de Federico Cecchetti, filmada en la Sierra Tarahumara y basada en el viaje de Antonin Artaud. Foto: Cortesía.

Ciudad de México, 18 de septiembre de 2026.- Hay viajes que comienzan con una búsqueda y terminan poniendo en duda las preguntas con las que se partió. En 1936, Antonin Artaud llegó a la Sierra Tarahumara atraído por la posibilidad de encontrar en los rituales rarámuri una forma de experiencia que el mundo occidental parecía haber perdido. Noventa años después de aquel viaje, Federico Cecchetti vuelve sobre esa historia en Jíkuri: Viaje al país de los tarahumaras, pero no para reconstruirla como una postal del encuentro entre un poeta francés y una comunidad indígena. Su película imagina qué acontece cuando dos maneras de comprender la realidad se encuentran y ninguna puede traducirse por completo en los términos de la otra.

Artaud llegó a México buscando aquello que consideraba ausente en el arte europeo: una relación más profunda entre cuerpo, rito, conciencia y creación. Su experiencia con el jíkuri —nombre que recibe el peyote dentro de la cultura rarámuri— quedó registrada en De un viaje al país de los Tarahumaras (1945), publicado años después. Cecchetti tomó esos textos como punto de partida, pero transformó el relato documental y autobiográfico en una ficción atravesada por sueños, espíritus y almas perdidas.

En la película, Artaud abandona prematuramente un ritual y pierde una de sus tres almas. De regreso en Francia, termina internado en un hospital psiquiátrico. Su historia queda entonces entretejida con la de Rayénari, un corredor rarámuri interpretado por José Cruz Apachoachi, quien establece con él un vínculo que no depende de la distancia ni de un idioma compartido, sino de los sueños. Así lo plantea la propia sinopsis de la película: Rayénari ayudará al poeta a recuperar aquello que perdió y, en ese tránsito, ambos encontrarán su propio camino.

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Un viaje hacia lo que no se puede traducir

Artaud deseaba escapar de las categorías que le resultaban insuficientes. Poeta, dramaturgo y hombre profundamente incómodo con los límites del lenguaje, buscaba una experiencia capaz de devolver al arte una dimensión ritual. Para Cecchetti, esa búsqueda tenía un eco evidente en la propia experiencia cinematográfica.

“Jíkuri” no plantea que Artaud haya llegado a la Sierra Tarahumara para encontrar una respuesta que pudiera llevarse consigo, muestra el momento en que la respuesta deja de caber en las preguntas que traía desde Europa.

El propio Cecchetti ha explicado que uno de los puntos centrales de su investigación fue precisamente aquello que Artaud no comprendió. El director trabajó durante años con materiales antropológicos y asesores especializados en cultura rarámuri para aproximarse a una cosmovisión que no podía reducirse a la experiencia descrita por el poeta francés. En entrevista con IMCINE, el cineasta menciona que la película intenta observar la cultura rarámuri de una manera distinta a la exotización con la que Artaud llegó a ella.

Porque el viaje de Artaud puede leerse también como parte de una larga tradición occidental de mirar hacia otras culturas en busca de aquello que se percibe como perdido en la propia. El exotismo aparece entonces como una paradoja: quien viaja cree estar descubriendo al otro, pero también proyecta sobre ese otro sus propias necesidades, deseos y fantasías.

Fotograma de una película con un hombre sentado en el suelo fumando un cigarrillo mientras una enfermera con uniforme clásico permanece de pie a su lado en una habitación blanca.
Still de la película «Jíkuri: viaje al país de los tarahumaras» (2024), dirigida por Federico Cecchetti, que llega a las salas de cine en México este 17 de septiembre. Foto: Cortesía.

Los sueños como territorio común

La respuesta de Cecchetti a esa dificultad está en los sueños.

En el universo de Jíkuri, soñar no funciona únicamente como una actividad de la mente ni como una representación de aquello que sucede mientras los personajes duermen. Es un espacio de tránsito. Un territorio en el que Rayénari y Artaud pueden encontrarse aunque pertenezcan a mundos separados por un idioma, una geografía y una manera distinta de entender lo real.

Cecchetti ha explicado en otras charlas, que dentro de la cosmovisión rarámuri los sueños pueden entenderse como una experiencia concreta: soñar es también salir, desplazarse, encontrarse. La película convierte esa concepción en uno de sus principales recursos narrativos.

Aquello que desde una mirada occidental podría ser leído como fantasía no necesariamente ocupa ese lugar dentro del mundo rarámuri. Lo real y lo imaginario se funden en la historia, o más bien ¿quién decidió dónde termina la realidad?

La respuesta modifica también la posición del espectador. En lugar de entrar a la Sierra Tarahumara como quien penetra en un territorio misterioso, la cinta obliga a reconocer que quizá el misterio reside en la mirada de quien observa, como un “realismo de otra realidad”: aquello que para un espectador occidental puede adquirir una dimensión fantástica, forma parte dentro de la cosmovisión rarámuri que la película busca representar, de otra experiencia cotidiana de lo real.

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Artaud y Rayénari: dos formas de estar frente al mundo

La película encuentra su centro en la relación entre François Négret, quien interpreta a Artaud, y José Cruz Apachoachi, corredor rarámuri que encarna a Rayénari.

No se trata de un encuentro más entre un europeo y un habitante de la Sierra. Rayénari no está ahí para explicar la cultura rarámuri al espectador occidental ni para funcionar como guía turístico de una espiritualidad desconocida. Es él quien conduce a Artaud hacia una grieta que termina llevándolo al interior de sí mismo.

Artaud llega buscando algo fuera de sí y termina enfrentándose con aquello que no puede controlar: sus palabras, sus certezas, su racionalidad, su propia idea de lo que significa comprender.

Cecchetti ha contado que investigó durante años tanto el universo rarámuri como la vida y obra de Artaud. Viajó a Francia, estudió los textos del poeta en su idioma original y consultó a especialistas en su biografía. En la Sierra Tarahumara hizo un proceso paralelo de investigación de campo. El rodaje no fue una llegada inmediata a un territorio para convertirlo en escenario: entre las primeras visitas del director y la filmación transcurrieron alrededor de cinco años.

Ese tiempo resulta significativo porque modifica la relación entre quien mira y aquello que quiere y se le permite filmar.

Cecchetti reconoce también su propia condición de chavochi, término utilizado para nombrar a quienes no pertenecen a la comunidad. La película puede leerse así como una segunda búsqueda: después de la experiencia de Artaud, está la del propio cineasta intentando reconocer las limitaciones de su mirada.

Fotograma en blanco y negro de un hombre cubriéndose parcialmente el rostro con la mano en una habitación iluminada tenuemente.
Fotograma del largometraje «Jíkuri: viaje al país de los tarahumaras» (2024), dirigido por Federico Cecchetti. Foto: Cortesía.

Una película entre dos lenguas

Jíkuri está hablada en francés y rarámuri, con subtítulos en español. La elección lingüística, es parte de la estructura de la película.

Artaud llega a la Sierra sin hablar rarámuri y, dentro de la ficción, la comunicación entre él y Rayénari sucede a través de cuerpos, gestos, símbolos y sueños. El lenguaje verbal, precisamente aquello que el poeta utilizó durante toda su vida para intentar romper sus propios límites, aparece aquí como una herramienta insuficiente.

Cecchetti ha señalado que esa insuficiencia estaba en el centro de la propia vida artística de Artaud: quería encontrar una forma de comunicación que fuera más directa que las palabras. En Jíkuri, esa búsqueda se desplaza hacia el cuerpo, el ritual, el sonido y la imagen.

La película encuentra una correspondencia formal en su fotografía y en su diseño sonoro. Filmada en la Sierra Tarahumara, el director utiliza el paisaje como una presencia que modifica la escala de los personajes. La fotografía de Iván Hernández y el diseño sonoro de Christian Giraud acompañan una narración donde la montaña, el fuego, los silencios y la música forman parte de la experiencia. La banda sonora incorpora además la participación del músico rarámuri Martín Makawi.

La producción también combina actores profesionales y participantes de la comunidad. François Négret interpreta a Artaud; José Cruz Apachoachi, a Rayénari. Esther González, Martín Makawi y Felipe Fuentes Chávez complementan parte del elenco rarámuri, mientras que Olivier Rebourdin, Sylvie Testud y Nicolas Sotnikoff participan en la trama francesa.

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Del sueño del Mara’akame a la Sierra Tarahumara

Jíkuri no aparece aislada dentro de la filmografía de Cecchetti. Continúa una investigación cinematográfica que comenzó con El sueño del Mara’akame, su primer largometraje, centrado en la cultura wixárika.

Aquella película obtuvo doce nominaciones al Ariel y ganó los premios a Mejor Ópera Prima y Mejor Música Original; también recibió el reconocimiento a Mejor Ópera Prima Mexicana en el Festival Internacional de Cine de Morelia. Jíkuri, su segundo largometraje, recibió apoyo de la Résidence de la Cinéfondation del Festival de Cannes y del Centro de Guionismo Moulin d’Andé, además de formar parte de la Competencia Mezcal del Festival Internacional de Cine de Guadalajara.

El vínculo entre ambas películas no está únicamente en su acercamiento a pueblos originarios. Está en una manera de entender el cine como una posibilidad de desplazamiento: salir de lo conocido para intentar mirar desde otro lugar.

Cecchetti ha descrito su cine como una búsqueda de lo nuevo y lo desconocido. En Jíkuri, esa búsqueda adquiere una dimensión particularmente compleja porque el director no solo se desplaza físicamente hacia la Sierra: también intenta poner en crisis la mirada con la que llega.

La película tuvo su estreno en la Competencia Oficial del Festival Internacional de Cine de Guadalajara y pasó posteriormente por distintos festivales, donde recibió reconocimientos como Mejor Largometraje y Mejor Dirección en el Oculto Film Festival, Mejor Dirección en Transmutación Festival de Cine Contemporáneo, Mejor Diseño de Producción en Feratum y el Premio del Jurado en el Slemani International Film Festival.

Ahora llega a salas mexicanas.

Hay una escena conceptual que parece recorrer Jíkuri de principio a fin: la posibilidad de que para entrar en otro mundo primero haya que abandonar las herramientas con las que se pretendía explicarlo.

Artaud llegó a la Sierra buscando una revelación. Cecchetti llegó décadas después buscando una historia. Entre ambos existe una distancia temporal enorme, pero una pregunta cpmpartida prevalece a pesar del tiempo: qué sucede cuando el mundo conocido deja de ser suficiente.

La diferencia está en lo que cada uno hace con aquello que encuentra.

Artaud convirtió su experiencia en literatura, memoria y mito. Cecchetti la convierte en una ficción donde los sueños pueden atravesar el tiempo, la geografía y la enfermedad; donde un corredor rarámuri puede encontrarse con un poeta francés y donde una montaña puede ser algo más que paisaje.

Quizá por eso Jíkuri no propone solo viajar al país de los tarahumaras, y sí un viaje: abandonar, aunque sea durante la duración de una película, la certeza de que existe una única manera de mirar.

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Póster oficial del largometraje Jíkuri: viaje al país de los tarahumaras con una ilustración artística que integra rostros y los ojos de un búho.
Póster oficial de la película «Jíkuri: viaje al país de los tarahumaras» (2024), dirigida por Federico Cecchetti, que llegó a las salas de cine de México el 17 de septiembre. Foto: Cortesía.
Ficha técnica

Título: Jíkuri: Viaje al país de los Tarahumaras
Dirección: Federico Cecchetti
Países: México-Estados Unidos
Año: 2023
Duración: 94 minutos
Género: Ficción
Guion: Federico Cecchetti y Pierre Saint-Martin
Fotografía: Iván Hernández
Edición: Omar Guzmán
Sonido: Luis Castañeda
Música: Emiliano Motta
Dirección de arte: Alisarine Ducolomb
Producción: Edher Campos, Jana Díaz Juhl y Pau Brunet
Compañías productoras: Machete Producciones S.A. de C.V. y Amplitud INC.
Reparto: François Négret, José Cruz Apachoachi, Esther González, Olivier Rabourdin y Sylvie Testud
Lenguas: Francés y rarámuri
Locaciones: Bocoyna y Guachochi, Chihuahua, y Ciudad de México
Apoyo: Programa Fomento al Cine Mexicano (FOCINE)

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