
Mientras Tijuana enfrenta retos en materia de seguridad, servicios públicos, transparencia y rendición de cuentas, la agenda pública de la síndica procuradora, Teresita Balderas Beltrán, parece transitar por un camino distinto: el de las ceremonias, los reconocimientos y los eventos protocolarios.
El ejemplo más reciente lo dio el propio Ayuntamiento de Tijuana, que difundió un comunicado para informar que la funcionaria asistió al 130 aniversario de CANACO Servytur Ensenada, donde acompañó a representantes empresariales y autoridades durante la toma de protesta del nuevo Consejo Directivo del organismo. Ahí destacó la importancia de fortalecer la colaboración entre las instituciones públicas y el sector productivo para impulsar la transparencia, la legalidad y el desarrollo económico.
Hasta ahí, asistir a un evento de representación institucional no constituye una falta. La pregunta que surge es otra: ¿realmente no hay nada que hacer en Tijuana para que la titular del órgano encargado de vigilar el actuar del propio Ayuntamiento dedique tiempo a eventos sociales fuera del municipio?
No es un hecho aislado. Durante los últimos meses la presencia pública de la síndica ha estado marcada por actividades de carácter protocolario. A finales de mayo viajó a Orizaba, Veracruz, donde recibió el reconocimiento “Rompiendo el Techo de Cristal”, otorgado durante un congreso organizado por CONCANACO Servytur México en el marco de un encuentro de mujeres líderes empresariales.
Posteriormente también participó en diversos eventos públicos y de representación, entre ellos el encuentro con causa “Sombreros y Plumas”, organizado en apoyo al CRIT Baja California, donde compartió un mensaje sobre ética, inclusión y liderazgo. Ahora vuelve a aparecer en la agenda institucional, esta vez en Ensenada, durante una celebración empresarial.
El problema no son los eventos. El problema es la percepción que generan cuando la comunicación oficial privilegia estas actividades sobre los resultados del trabajo que constitucionalmente corresponde a la Sindicatura.
La función de la síndica procuradora no es ser maestra de ceremonias, invitada permanente en aniversarios o coleccionista de reconocimientos. Su responsabilidad es vigilar el desempeño de los servidores públicos municipales, investigar posibles responsabilidades administrativas, atender denuncias ciudadanas, fortalecer los mecanismos de control interno y garantizar que los recursos públicos se ejerzan con legalidad.
Sin embargo, basta revisar la difusión de sus actividades para encontrar una constante: fotografías en presídiums, reconocimientos, tomas de protesta, inauguraciones y eventos de convivencia. La pregunta inevitable es cuántos comunicados con ese mismo entusiasmo se han emitido para informar sobre investigaciones concluidas, sanciones relevantes o acciones concretas contra posibles actos de corrupción.
Tijuana es una ciudad con más de dos millones de habitantes que enfrenta diariamente problemas complejos. Desde la vigilancia del actuar de funcionarios hasta observaciones administrativas y denuncias ciudadanas, difícilmente puede sostenerse que la Sindicatura carezca de asuntos prioritarios por atender.
Nadie cuestiona la importancia de mantener una buena relación con el sector empresarial o con organismos de la sociedad civil. Esa interlocución siempre será positiva. Lo cuestionable es que esa agenda parezca ocupar un lugar protagónico mientras los ciudadanos esperan resultados concretos del órgano encargado precisamente de vigilar al gobierno.
Las formas también comunican. Y cuando la mayor parte de la narrativa institucional gira alrededor de ceremonias, felicitaciones y actos protocolarios, el mensaje que recibe la ciudadanía es que la imagen pública está ocupando un espacio que debería pertenecer a la rendición de cuentas.
Al final, los tijuanenses no medirán el desempeño de la síndica por el número de reconocimientos recibidos, las fotografías con dirigentes nacionales o los eventos a los que asista en otros municipios. La evaluarán por algo mucho más sencillo: si durante su gestión logró hacer de la Sindicatura un verdadero órgano de vigilancia o si terminó convirtiendo el cargo en una permanente gira de relaciones públicas.