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IMPI resuelve disputa por el Pato Merlín: la marca pertenece a su familia

El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial determinó que el registro de la marca “Pato Merlín” corresponde a la familia de Carla Ivette Gómez, tras una disputa derivada de intentos de registro por terceros en medio de la viralización del personaje en redes sociales y su asociación con el Mundial 2026.

Una mujer con cabello largo ondulado y chamarra deportiva amarilla con franjas negras apunta hacia un pato blanco doméstico. El ave, que lleva puesta una pequeña camiseta verde de la selección mexicana de fútbol, es cargada por un joven con playera deportiva azul, blanca y roja, quien acerca su rostro al pato en un jardín con fondo de pared de ladrillos.
El IMPI otorgó el registro oficial de la marca a la familia de Carla Ivette Gómez, protegiendo la identidad del popular Pato Merlín.

Ciudad de México, 24 de junio de 2026.- El Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI) resolvió la disputa por el registro de la marca “Pato Merlín” y determinó que los derechos pertenecen a la familia de Carla Ivette Gómez, en un caso que se originó a partir de la popularidad del personaje en redes sociales y su posterior intento de apropiación comercial por terceros.

De acuerdo con La Jornada y El Universal, la resolución del IMPI pone fin al conflicto por la titularidad del registro, al confirmar que la familia Gómez es la legítima propietaria de la marca vinculada al llamado “Pato Merlín”, un personaje que ganó notoriedad en el contexto previo al Mundial de 2026.

Según las mismas publicaciones, el organismo concluyó que no procede el registro por parte de terceros que habían intentado apropiarse del nombre con fines comerciales antes de que la familia realizara el trámite correspondiente.

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Una disputa nacida en la viralidad digital

El caso se originó cuando el “Pato Merlín” comenzó a circular en redes sociales como un fenómeno viral asociado al ambiente previo al Mundial 2026, lo que derivó en un incremento del interés comercial alrededor de su imagen y nombre.

De acuerdo con Aristegui Noticias, dos personas intentaron registrar la marca antes que la familia de Carla Ivette Gómez, lo que abrió un conflicto administrativo ante el IMPI por la posible apropiación de un elemento que ya tenía reconocimiento público previo.

SinEmbargo señaló que la disputa reflejó la tensión entre la apropiación comercial de contenidos virales y los derechos de origen sobre elementos surgidos en el entorno digital, donde la velocidad de difusión suele superar los mecanismos tradicionales de registro de propiedad intelectual.

La aparición del “Pato Merlín” durante los festejos por las victorias de la Selección Mexicana en el Mundial 2026 provocó una fuerte efervescencia en el país, donde aficionados comenzaron a considerarlo un amuleto de buena suerte. El fenómeno se amplificó en redes sociales y llevó a que la familia del ave fuera invitada a Palacio Nacional, donde convivió con la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo. A partir de esa exposición pública se desató una controversia por el registro de la marca ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), luego de que los cuidadores intentaran inscribir el nombre del animal y descubrieran que ya existían registros previos en distintas entidades del país.

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Intento de registro de terceros sobre la marca “El Pato Merlín”

Según documentos del Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial retomados por Aristegui Noticias, el 17 de junio se realizaron intentos de registro del nombre “El Pato Merlín” por parte de terceros, antes de que la familia pudiera concretar el trámite.

Las solicitudes se presentaron con minutos de diferencia desde distintos estados, como Yucatán y Jalisco, y bajo nombres distintos. El primer intento ocurrió a las 21:24 horas, cuando Rosa María Hernández Flores solicitó el registro en tres clases vinculadas a entretenimiento, publicidad y prendas de vestir, mientras que catorce minutos después se presentó otra solicitud para registrar la marca junto con una imagen del pato vestido con uniforme de la Selección Mexicana.

Días después, el 22 de junio, la familia de la cuidadora del ave, encabezada por Karla Ivette Gómez, acudió al IMPI tras su participación en la conferencia matutina de la presidenta Claudia Sheinbaum, aunque para entonces ya existían intentos previos de apropiación del registro.

Un pato blanco doméstico camina sobre el suelo de adoquines grises de una plaza pública. El ave viste una pequeña camiseta deportiva color verde con franjas blancas en los hombros, similar al uniforme de la selección mexicana de fútbol, y lleva puestos unos pequeños tenis o botitas negras diseñadas para sus patas. Al fondo se observa una jardinera y personas sentadas en bancas de forma difuminada.
El Pato Merlín, considerado por usuarios de redes sociales como la mascota no oficial de la Copa del Mundo 2026.

El papel del IMPI en la resolución del caso

Ante la creciente disputa mediática, el presidente del organismo, Vidal Llerenas, intervino para zanjar el conflicto sobre la titularidad del símbolo viral del Mundial 2026.

El IMPI determinó que la titularidad de la marca corresponde a la familia de origen del personaje, lo que zanja la controversia sobre el uso comercial del nombre “Pato Merlín”.

El organismo no ha detallado públicamente un desglose adicional del procedimiento, pero la resolución confirma que el registro no puede ser adjudicado a terceros que intentaron inscribirlo previamente.

El Universal destacó que la decisión se enmarca en las atribuciones del instituto para resolver disputas de propiedad industrial en México y garantizar la protección de derechos sobre marcas registradas o en proceso de registro.

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De fenómeno viral a activo de propiedad intelectual

El caso del “Pato Merlín” se inscribe en una tendencia creciente en la que personajes o contenidos virales en redes sociales se convierten en activos susceptibles de explotación comercial.

La popularidad del personaje, impulsada en plataformas digitales, generó un interés que trascendió lo anecdótico y derivó en un conflicto por su apropiación legal.

SinEmbargo apuntó que este tipo de disputas evidencian los vacíos y tensiones entre la cultura digital emergente y los marcos tradicionales de propiedad intelectual, diseñados antes de la expansión de las redes sociales.

¿Quién es el Pato Merlín?

El “Pato Merlín” es un ave doméstica que alcanzó notoriedad pública tras viralizarse en redes sociales durante el contexto del Mundial 2026, donde comenzó a ser asociado por aficionados de la Selección Mexicana como un símbolo de buena suerte.

Sus cuidadores, encabezados por Karla Ivette Gómez, y sus hijos Carlos y Cristián, el primero de 22 años, y el segundo de 14, son una familia que se dedica al comercio ha acompañado al animal desde su origen y que, tras la viralización del caso, comenzó a recibir atención mediática y pública.

La familia ya había tenido otros patos antes, lo que sugiere que no se trata de un caso aislado, sino de una convivencia cotidiana con este tipo de animales dentro de su hogar. El nombre “Merlín” habría sido elegido de forma simbólica por la familia, en alusión al mago legendario, como parte de una relación afectiva con el animal.

Los Gómez incorporaron a Merlín a su rutina diaria en su entorno doméstico y laboral, donde el pato acompaña actividades cotidianas en espacios públicos y de trabajo. El vínculo entre el animal y el adolescente Cristián también es un elemento central: el pato es descrito como una figura de compañía emocional dentro del núcleo familiar.

La exposición del ave en espacios institucionales y su creciente presencia en redes sociales convirtieron su imagen en un fenómeno cultural inesperado, lo que derivó posteriormente en la disputa legal por el registro de su nombre e imagen ante el IMPI.

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Un precedente en la gestión de lo viral

Aunque el IMPI no ha emitido una postura ampliada sobre el impacto del caso, la resolución marca un ejemplo de cómo las instituciones mexicanas enfrentan conflictos derivados de fenómenos digitales que rápidamente adquieren valor comercial.

El caso del “Pato Merlín” refleja cómo la viralidad puede transformarse en un activo económico en disputa, especialmente en contextos donde la exposición mediática se acelera y la protección legal depende de tiempos administrativos que no siempre coinciden con la dinámica de internet.

La resolución deja asentado que la titularidad de la marca corresponde a la familia de Carla Ivette Gómez, cerrando así un conflicto que combinó redes sociales, propiedad intelectual y la creciente comercialización de contenidos virales en México.

Un joven llamado Cristian, vistiendo la playera blanca de la selección mexicana de fútbol y una gorra negra volteada hacia atrás, sostiene en alto con ambas manos a un pato blanco doméstico. El ave viste su característica camiseta verde deportiva con franjas blancas. La escena ocurre al aire libre en una plaza pública rodeada de árboles verdes, con un edificio de arquitectura urbana roja al fondo bajo un cielo nublado.
Cristian sostiene al Pato Merlín, quien además de ser un fenómeno de redes sociales, es una pieza clave de compañía emocional para su familia.

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