
En Baja California hay algo que todos en la política saben, aunque pocos lo dicen de frente: cuando un funcionario empieza a agarrar peso dentro de un gobierno, automáticamente se vuelve incómodo para muchos. A veces para la oposición, a veces para grupos económicos, otras para intereses más oscuros… y muchas veces hasta para gente del mismo equipo.
Lo que pasó en los últimos días alrededor del secretario del Ayuntamiento de Tijuana, Arnulfo “Fufo” Guerrero, no puede verse solamente como un tema de seguridad. Quedarse nada más con la narcomanta, el carro incendiado o las amenazas sería ver únicamente la parte superficial del asunto.
Porque hoy las crisis políticas ya no se definen por el hecho en sí… sino por la narrativa que logran construir alrededor del hecho.
Y eso fue justamente lo que empezó a moverse.
Las primeras horas estuvieron enfocadas en la amenaza. Pero conforme avanzaron los días comenzaron a aparecer páginas, comentarios y espacios digitales tratando de empujar otra idea mucho más política: el supuesto desgaste interno de Fufo y el posible costo político que esto podría traerle al alcalde Ismael Burgueño.
Ahí fue donde el tema cambió por completo.
Porque cuando una crisis brinca del terreno policiaco al político, significa que alguien entendió perfectamente que el verdadero negocio no estaba en la amenaza… sino en todo lo que podía sembrarse después.
Y hay que decirlo claro: en Tijuana ya arrancó desde hace rato la sucesión adelantada rumbo al 2027. Aunque oficialmente falte tiempo, muchos grupos ya comenzaron a acomodarse, medir fuerzas y posicionar perfiles. Y en ese escenario cualquier personaje que tenga operación política real automáticamente se convierte en pieza del tablero.
Fufo no es un funcionario invisible. Tampoco es un perfil decorativo dentro del Ayuntamiento. Y precisamente por eso sería ingenuo pensar que todo esto solamente tiene una lectura de seguridad pública.
Porque apenas apareció el episodio comenzaron también las columnas disfrazadas de análisis, las publicaciones insinuando fracturas internas y los comentarios tratando de sembrar la percepción de crisis dentro del gobierno municipal.
Lo interesante es que, hasta este momento, la estrategia no terminó de prender donde realmente importa: en la ciudadanía.
Y eso políticamente es muy importante.
Porque cuando una figura pública entra en una crisis verdaderamente peligrosa, las redes se llenan de enojo, linchamiento, burlas y rechazo masivo. Aquí no pasó eso. Lo que hubo fue mucho consumo informativo y mucha conversación dentro del ecosistema político y mediático… pero sin una explosión ciudadana real.
Eso cambia completamente la lectura del tema.
De hecho, uno de los movimientos más inteligentes fue que el secretario no desapareciera públicamente. En política esconderse casi siempre se interpreta como debilidad. Y quienes saben operar entienden perfectamente que el vacío narrativo siempre termina llenándolo alguien más.
Mientras algunos intentaban instalar la idea de un funcionario debilitado, el mensaje institucional fue otro: denuncia formal, agenda pública y continuidad operativa.
¿Alcanza con eso? Todavía no.
Porque el verdadero riesgo empieza cuando ciertas narrativas se repiten demasiadas veces. Así funciona hoy la política digital: no necesitan demostrar nada, solamente necesitan sembrar suficientes dudas para que la percepción haga el trabajo sola.
Y en Baja California ya hemos visto carreras políticas golpeadas más por rumores repetidos que por hechos comprobados.
Además, tampoco es la primera vez que empiezan a circular versiones sobre una posible salida de Fufo Guerrero de la administración municipal. Desde hace meses han aparecido rumores, columnas y publicaciones insinuando cambios internos, ajustes en la Secretaría de Gobierno o supuestas diferencias dentro del círculo cercano del alcalde.
Lo curioso es que esas versiones prácticamente han acompañado toda la administración desde que inició. Y eso normalmente pasa cuando un funcionario se vuelve incómodo para distintos grupos políticos, sobre todo por el nivel de operación, control político y capacidad de interlocución que tiene dentro de un gobierno.
Porque guste o no guste, Fufo tiene muchos años moviéndose en la política de Baja California. Ha pasado por alternancias, disputas internas, cambios de grupo y reacomodos de poder. Y justamente por eso genera resistencias dentro y fuera de Morena. En política, los perfiles que operan, negocian y tienen estructura rara vez pasan desapercibidos.
Y quizá ahí está el verdadero fondo de todo esto.
Porque el canibalismo político siempre aparece cuando comienzan a moverse las aspiraciones, los grupos y las sucesiones adelantadas. En esos momentos ya no solamente se pelea contra adversarios externos… también empiezan las guerras silenciosas dentro de los propios equipos.
Por eso quizá la pregunta importante no es quién dejó una manta o quién incendió un vehículo oficial.
La pregunta verdaderamente interesante es:
¿quién está tratando de convertir todo esto en una narrativa de desgaste político?
Porque en tiempos de sucesión adelantada, muchas veces el ataque más peligroso no es el que se ve.
Es el que intenta sembrar la percepción de que alguien dejó de tener control.