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Montserrat Caballero | La incongruencia que apenas empieza

La salida de Montserrat Caballero Ramírez de Morena anunciada por ella misma a través de sus redes sociales esta semana no puede leerse como un acto de congruencia política, sino como una contradicción incomoda y que abre la puerta a preguntas inevitables sobre su verdadera posición dentro del movimiento transformador.

Recordemos que durante su gestión como alcaldesa de Tijuana y aún después de dejar el cargo, Montserrat Caballero se sostuvo bajo el mismo proyecto político que hoy acusa de haber perdido el rumbo, pese a que fue precisamente Morena quien la impulsó, la posicionó y le dio visibilidad pública aunque hoy reniegue y se diga discriminada por ser mujer indígena y migrante.

El quiebre real de la ex Alcaldesa y ex Diputada por Morena, más que ideológico, parece responder a un reacomodo en un momento clave, donde las definiciones rumbo a la gubernatura de Baja California en 2027 comienzan a cerrar espacios y a obligar a cada actor a tomar posición dentro del tablero político estatal.

Y aquí es cuando Monserrat volteó para todos lados y se dio cuenta que a base de berrinches no podría sostener la puerta abierta a una candidatura en el partido del cual ella ya había sido expulsada y pelió por regresar apenas hace un año.

Caballero Ramírez fue expulsada de Morena en 2024 tras un procedimiento promovido por Francisco Javier Tenorio Andújar, representante del partido ante el Instituto Nacional Electoral y el Instituto Estatal Electoral de Baja California, en el que se le señaló por presuntamente haber apoyado a la candidata del Partido Acción Nacional, la ex reportera de Televisa Mary Carmen Flores m, durante el proceso electoral municipal de Tijuana luego de que según ella en sus propias voces le negaron la caricatura en un intento por elegirse para dársela a la actual alcalde Ismael Burgueño.

No se trató de una diferencia menor ni de una postura ideológica: la acusación central fue operar políticamente en favor de una candidatura opositora mientras aún ocupaba un cargo emanado de Morena.

Posteriormente, Montserrat Caballero impugnó la decisión y logró que la Comisión Nacional de Honestidad y Justicia de Morena revirtiera la sanción en marzo de 2025, al considerar que los elementos presentados no eran suficientes para acreditar de manera plena la conducta denunciada.

Es decir, no solo regresó: regresó litigando su permanencia dentro del partido y parece entonces ya le habías ido a retirar su visa a la gobernadora de Baja California Marina del Pilar Ávila Almeda uno de los señalamientos que según la ex Alcaldesa comprueban lo corrompido que está el partido Morena actualmente

Ese dato cambia la lectura completa.

Porque si en 2025 defendía su militancia y celebraba su reincorporación a Morena, resulta difícil sostener que en 2026 descubrió de pronto una crisis de valores que le obligan a un ejercicio de moral y en consecuencia alejarse.

Más bien, lo que se observa es una relación funcional con el partido: mientras hubo espacio político, permaneció; cuando ese espacio se redujo, cambió el discurso.

Y es en ese punto donde la historia conecta con otro actor clave: el senador y ex gobernador Jaime Bonilla Valdez.

Porque el entorno político en el que creció y se consolidó Montserrat Caballero Ramírez no puede entenderse sin el peso de la estructura que encabezó Jaime Bonilla Valdez durante su gobierno en Baja California.

Y ese pasado hoy regresa con fuerza.

El caso Next Energy es el eje más delicado. Jaime Bonilla Valdez fue vinculado a proceso penal en marzo de 2026 por los delitos de peculado, abuso de autoridad y uso ilícito de atribuciones y facultades, derivados de la contratación de la empresa Next Energy para la construcción de una planta fotovoltaica en el Valle de Mexicali, proyecto que nunca se concretó.

De acuerdo con lo documentado, dicho contrato comprometía recursos públicos a largo plazo, con una proyección de pagos millonarios durante décadas, lo que colocó al estado en una situación de riesgo financiero considerable.

A esto se suma que el Tribunal Estatal de Justicia Administrativa de Baja California determinó la inhabilitación de Jaime Bonilla Valdez por un periodo de tres años para ocupar cargos públicos, al considerar que el gobierno estatal ejerció atribuciones que no le correspondían en la firma de dicho contrato.

En paralelo, Jaime Bonilla Valdez también fue sancionado por el Tribunal de Justicia Electoral de Baja California por violencia política en razón de género en contra de la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda, derivado de declaraciones públicas que incluyeron señalamientos sin sustento y expresiones que fueron consideradas ofensivas.

La propia Marina del Pilar Ávila Olmeda respondió públicamente a dichas acusaciones, calificándolas como irresponsables, carentes de pruebas y orientadas a difamar, en un contexto de confrontación política que se mantiene vigente en el estado.

Es decir, no se trata de versiones aisladas.

Se trata de un conjunto de frentes abiertos —penal, administrativo y político— que hoy colocan a Jaime Bonilla Valdez en una posición compleja dentro del escenario estatal.

Y es justamente hacia ese entorno donde comienzan a apuntar los movimientos de Montserrat Caballero Ramírez.

Ahí es donde la incongruencia se vuelve evidente.

Porque mientras su discurso plantea una ruptura con prácticas que cuestiona, su posible reubicación política la acerca a un liderazgo que enfrenta señalamientos de alto impacto.

Entonces la pregunta es inevitable.

¿Se trata de una salida por principios… o de una estrategia para mantenerse vigente en un escenario que ya no le era favorable? Ahora bajo el cobijo del partido del trabajo que dirige en la entidad el ex mandatario Bonilla

Porque si el argumento es ético, el destino tendría que ser coherente con ese discurso.

Pero si el movimiento es hacia un espacio con ese nivel de desgaste, la lectura cambia. Ya no es una ruptura tuve una conciencia ética de un reacomodo en donde parece que el oportunismo político pesa más que los valores

En una segunda entrega revelaremos el entramado camino que Monserrat de la mano de Jaime Bonilla quiere recorrer para lograr dos propósitos: la alianza del PT con Morena y su eventual candidatura a la gobernatura de Baja California.

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