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Magallanes: la película de Lav Diaz con Gael García Bernal que cuestiona el mito de la conquista

La nueva película del cineasta filipino Lav Diaz, protagonizada por Gael García Bernal, llega a los cines mexicanos tras su paso por festivales internacionales. La cinta propone una revisión crítica de la figura de Fernando de Magallanes y del legado colonial europeo desde una perspectiva contemporánea.

Fotograma de la película 'Magallanes' dirigida por Lav Diaz. El actor Gael García Bernal aparece caracterizado con barba gris, cabello alborotado, camisa blanca con cuello de lechuguilla y chaleco rojo oscuro a bordo de una embarcación antigua. Detrás de él, destaca la gran vela cuadrada de un barco iluminada por el sol con el símbolo de la Cruz de Santiago en color rojo, navegando en mar abierto durante el atardecer.
Gael García Bernal protagoniza ‘Magallanes’, la nueva propuesta cinematográfica de Lav Diaz que cuestiona el legado colonial europeo y revisita críticamente el mito de la conquista desde una perspectiva contemporánea.

Ciudad de México, 26 de junio de 2026.- Mientras el cine histórico suele construir grandes epopeyas alrededor de exploradores y conquistadores, Magallanes, la más reciente película del director filipino Lav Diaz, elige el camino contrario. En lugar de glorificar la expedición que dio origen a la primera circunnavegación del planeta, la obra examina las contradicciones del navegante portugués y cuestiona el relato heroico que durante siglos ha acompañado su figura.

La cinta, protagonizada por Gael García Bernal, llega a las salas mexicanas desde este 25 de junio, después de recorrer algunos de los festivales de cine más importantes del circuito internacional. Su estreno representa una oportunidad para acercar al público mexicano a una de las voces más influyentes del cine de autor contemporáneo y, al mismo tiempo, abrir una conversación sobre la manera en que el séptimo arte revisita los grandes episodios de la historia.

La película tuvo su estreno mundial en la sección Cannes Première del Festival de Cannes y posteriormente formó parte de la programación del Festival Internacional de Cine de Toronto, el New York Film Festival, el BFI London Film Festival y la Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI), donde obtuvo la Espiga de Oro como Mejor Película. Además, fue elegida por Filipinas como su representante para competir por una nominación al Óscar en la categoría de Mejor Película Internacional, un recorrido que confirma el interés internacional por la propuesta de Diaz.

Lejos de construir una narración convencional sobre uno de los personajes más conocidos de la expansión marítima europea del siglo XVI, Magallanes se pregunta qué ocurre cuando los mitos históricos son observados desde el presente y desde los territorios que vivieron las consecuencias de la colonización.

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Un conquistador visto desde el otro lado de la historia

La película sigue a Fernando de Magallanes, el navegante portugués que encabezó la expedición financiada por la Corona española con el objetivo de encontrar una nueva ruta hacia las Islas de las Especias. La historia comienza con un hombre convencido de que puede cambiar el curso del comercio mundial mediante la exploración marítima, pero conforme avanza el viaje, ese impulso inicial se transforma en una creciente obsesión por el poder, el control político y la expansión del cristianismo sobre los pueblos que encuentra a su paso.

Más que reconstruir cronológicamente los acontecimientos que llevaron a la expedición alrededor del mundo, Lav Diaz convierte ese trayecto en una reflexión sobre la naturaleza del poder colonial. La conquista deja de presentarse como una empresa civilizadora para convertirse en un proceso marcado por la violencia, la imposición cultural y la destrucción de sociedades que ya poseían formas propias de organización política, espiritual y económica.

En esa lectura, Magallanes se distancia de muchas representaciones cinematográficas anteriores sobre los exploradores europeos. La película no pretende celebrar una hazaña marítima ni exaltar la figura del navegante, elige examinar las consecuencias humanas de un proyecto imperial que modificó de manera irreversible la historia de Asia, América y Europa.

El personaje interpretado por Gael García Bernal aparece así atravesado por profundas contradicciones. No es retratado como un héroe clásico ni como un villano absoluto, sino como un hombre cuya ambición personal termina por quedar absorbida por la lógica expansiva de los imperios europeos del siglo XVI. Esa complejidad dramática permite que la película dialogue con debates contemporáneos sobre la memoria histórica, el colonialismo y la manera en que las sociedades reinterpretan su pasado.

La elección de García Bernal también aporta una dimensión simbólica al proyecto. El actor mexicano ha construido buena parte de su trayectoria interpretando personajes situados en momentos decisivos de la historia política y social latinoamericana. En esta ocasión da vida a una de las figuras más controvertidas de la expansión europea, en una producción dirigida desde una perspectiva asiática, lo que refuerza el carácter internacional y plural de la propuesta.

Magallanes invita al espectador a preguntarse quién tiene el derecho de contar la historia y desde qué lugar se construyen los grandes relatos sobre la conquista. Esa pregunta atraviesa toda la película y la convierte en una obra que dialoga con discusiones contemporáneas sobre identidad, memoria y representación histórica.

Fotograma de la película 'Magallanes' en un plano medio a contraluz frente a una ventana abierta con contraventanas de madera oscura. En la escena, un hombre con barba grisácea y vestimenta de época abraza íntimamente a una mujer que lleva un tocado blanco en la cabeza y un vestido claro con mangas abullonadas. Ambos juntan sus frentes en un momento emotivo y dramático, con una iluminación suave que entra desde el exterior mostrando árboles cipreses al fondo.
Fotograma de ‘Magallanes’, el filme del director filipino Lav Diaz que ya se encuentra disponible en las salas de cine mexicanas.

Lav Diaz y la mirada filipina sobre el colonialismo

Hablar de Magallanes también implica hablar de Lav Diaz, uno de los cineastas más reconocidos del cine de autor contemporáneo. A lo largo de más de dos décadas, el director filipino ha construido una filmografía que explora la memoria histórica, la violencia política, las secuelas del colonialismo y las heridas sociales de Filipinas mediante un lenguaje cinematográfico alejado de las convenciones comerciales.

Ganador del León de Oro en el Festival Internacional de Cine de Venecia por The Woman Who Left (2016) y habitual participante en festivales como Cannes, Berlín y Locarno, Diaz es conocido por sus películas de larga duración, sus planos secuencia y una puesta en escena que invita a la contemplación antes que al espectáculo. Su cine exige tiempo y paciencia, pero recompensa al espectador con una reflexión profunda sobre la historia y la condición humana.

En Magallanes, el director mantiene buena parte de esas señas de identidad, aunque opta por una narración más accesible que en algunos de sus trabajos anteriores. La historia conserva el ritmo pausado y la precisión visual que caracterizan su obra, pero concentra su atención en el conflicto moral del protagonista y en las consecuencias de la empresa colonial.

Para Filipinas, Fernando de Magallanes no solo representa a un explorador europeo, su llegada al archipiélago en 1521 marcó el inicio de un proceso que desembocaría en más de tres siglos de dominio colonial español. Aunque Magallanes murió durante la batalla de Mactán antes de completar la expedición, su presencia simboliza el comienzo de una transformación política, religiosa y cultural que redefinió la historia filipina.

Desde esa perspectiva, la película propone una inversión del relato tradicional. Si durante siglos la expansión europea fue narrada desde las metrópolis coloniales como una epopeya de descubrimiento y progreso, Lav Diaz desplaza la cámara hacia quienes vivieron las consecuencias de esa expansión. El centro de la historia deja de ser la conquista como hazaña para convertirse en la conquista como experiencia humana.

Esa decisión convierte a Magallanes en una obra contemporánea de necesaria revisión. En los últimos años, museos, universidades, historiadores y cineastas han analizado críticamente los relatos construidos alrededor de la expansión colonial europea. Monumentos, archivos históricos y figuras tradicionalmente consideradas heroicas han sido objeto de nuevas interpretaciones que buscan incorporar las voces de los pueblos colonizados.

La película dialoga con ese debate sin caer en el panfleto. Diaz evita simplificar el pasado en categorías absolutas y prefiere mostrar cómo la ambición personal, el poder político y el fervor religioso terminaron alimentando un proyecto imperial cuyas consecuencias aún forman parte de la memoria colectiva de numerosos países.

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Una lectura contemporánea de Magallanes

Esa aproximación ha sido uno de los aspectos más destacados por la crítica internacional. Más que valorar únicamente la reconstrucción histórica, diversos especialistas coinciden en que la película utiliza la figura de Magallanes para cuestionar las narrativas tradicionales sobre la conquista.

La revista especializada The Film Stage señaló que la obra funciona como una revisión crítica del legado del navegante portugués y evita convertir el formato biográfico en una celebración del personaje. En lugar de reafirmar el mito del explorador, la película expone las contradicciones que acompañaron su expedición y las consecuencias del proyecto colonial sobre los territorios conquistados.

Una lectura similar realizó Variety, que destacó la capacidad de Lav Diaz para construir un relato visualmente ambicioso sin romantizar la expansión europea. Según la publicación, la película logra desmontar la imagen heroica de Magallanes mediante una narrativa que privilegia la observación histórica sobre el espectáculo y convierte al protagonista en una figura atravesada por la ambición, el conflicto religioso y el ejercicio del poder.

La Semana Internacional de Cine de Valladolid (SEMINCI), donde la película obtuvo la Espiga de Oro, subrayó precisamente esa combinación entre rigor histórico y propuesta cinematográfica. El jurado reconoció una obra que utiliza el lenguaje del cine para reflexionar sobre los mecanismos del colonialismo y las formas en que la historia continúa moldeando las relaciones entre culturas y sociedades.

La recepción crítica también ha valorado el trabajo de Gael García Bernal. Su interpretación evita los excesos dramáticos y construye un personaje contenido, cuya transformación ocurre de manera progresiva conforme el viaje avanza y las decisiones políticas, militares y religiosas terminan desplazando el ideal inicial de exploración. El actor sostiene la película desde la complejidad de un personaje que nunca resulta completamente transparente y cuya evolución refleja el deterioro moral de una empresa colonial.

Esa contención interpretativa dialoga con la puesta en escena de Lav Diaz. Ambos rehúyen las soluciones fáciles y prefieren que el conflicto emerja a través del silencio, la duración de los planos y la acumulación de pequeñas decisiones que, poco a poco, revelan el verdadero sentido de la expedición.

Magallanes propone una pregunta que sigue siendo pertinente cinco siglos después: ¿cómo cambia nuestra comprensión del pasado cuando la historia deja de contarse desde el punto de vista de los vencedores?

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Fotograma de la película 'Magallanes' que muestra a Gael García Bernal caracterizado como Fernando de Magallanes de pie en el centro de una balsa de troncos de bambú. Viste camisa blanca con chaleco y pantalones de cuero marrón. La balsa navega por un río de aguas tranquilas rodeado de una densa selva tropical verde. Lo acompañan otras cuatro personas: dos hombres locales sin camisa con pantalones azules que guían la balsa con largas varas de madera, un hombre sentado y una persona agachada. La escena evoca un viaje de exploración en un tono cinematográfico realista y sombrío.
Gael García Bernal interpreta al explorador Fernando de Magallanes en una de las escenas clave del largometraje dirigido por el cineasta filipino Lav Diaz.

Un estreno que dialoga con el presente

La llegada de Magallanes a las salas mexicanas sucede cuando el cine histórico atraviesa una transformación significativa. En lugar de reproducir los relatos épicos que durante décadas dominaron las producciones sobre la expansión europea, cada vez más cineastas (¡tú no, Nacho Cano!) recurren al pasado para cuestionar las narrativas oficiales y abrir espacio a voces que permanecieron fuera de los grandes relatos nacionales.

En ese contexto, la película de Lav Diaz se inserta en una corriente cinematográfica que entiende la historia como un territorio en permanente revisión. La conquista, el colonialismo y la construcción de los imperios ya no aparecen únicamente como episodios fundacionales, sino también como procesos que dejaron profundas huellas sociales, culturales y políticas cuyos efectos continúan siendo objeto de debate.

Ese cambio de perspectiva explica buena parte del interés que Magallanes ha despertado en festivales internacionales. Para el público mexicano, el estreno también adquiere una dimensión particular. La historia de la Conquista forma parte del origen mismo del país y continúa siendo objeto de investigaciones, revisiones historiográficas y debates públicos. Aunque la película sitúa su acción principalmente en la expedición de Fernando de Magallanes hacia Asia y el Pacífico, las preguntas que plantea sobre el poder, la evangelización, la apropiación territorial y la construcción de los discursos históricos encuentran eco en buena parte de América Latina.

Magallanes nosrecuerda que el cine histórico no tiene por qué limitarse a ilustrar acontecimientos conocidos. También puede convertirse en una herramienta para cuestionar las versiones heredadas, confrontar los silencios de la historia y replantear la manera en que una sociedad entiende su propio pasado. En la mirada de Lav Diaz, la figura del explorador deja de ser un símbolo incuestionable para convertirse en un personaje atravesado por dilemas éticos, ambiciones personales y las contradicciones de un proyecto colonial que transformó el curso de la historia.

La película invita a reconsiderar quiénes escriben la historia y desde qué perspectiva se construyen los grandes relatos. El cine sigue siendo un espacio privilegiado para revisar el pasado con nuevas preguntas y para recordar que toda memoria histórica es también una conversación permanente con el presente.

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