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Los 11 millones que Ruiz Uribe sigue sin explicar

Hay historias que no se caen por lo que dicen, sino por lo que esconden. Y en el caso de Jesús Alejandro Ruiz Uribe, el problema no es menor: se trata de más de 11 millones de pesos que simplemente “no existieron” en sus declaraciones patrimoniales, aunque sí en documentos oficiales, contratos y transferencias bancarias.

El caso no es nuevo. Fue exhibido públicamente en diciembre de 2025, cuando distintos medios documentaron la omisión de esta operación millonaria. Han pasado ya cuatro meses, y hasta hoy, abril de 2026, no hay una explicación clara, completa ni convincente.

Porque mientras el discurso público hablaba de honestidad y combate a la corrupción, en lo privado se concretaba la venta de un terreno que jamás apareció donde tenía que aparecer: en sus declaraciones oficiales como servidor público.

Se trata de un predio de más de 3 mil 600 metros cuadrados en Mexicali, vendido en más de 11 millones de pesos. Sin embargo, en sus declaraciones patrimoniales de 2023, 2024 y 2025, Ruiz Uribe no reportó ingreso alguno por esa operación.

Pero lo más grave no es solo la omisión. Es la contradicción. Mientras el terreno ya había sido vendido, él seguía declarando que era suyo y que no había recibido ingresos por enajenación de bienes.

Es decir: en papel, no pasó nada. En la realidad, pasó todo.

Y como suele ocurrir en estos casos, los detalles terminan siendo más escandalosos que el monto. La operación se realizó mediante pagos escalonados: un anticipo, depósitos millonarios y transferencias mensuales hasta completar la cifra.

Pero esos pagos no llegaron directamente a su cuenta. Fueron depositados en una cuenta a nombre de su padre, quien falleció semanas después de la firma del contrato.

Y aun así, los pagos continuaron.

Ese elemento no solo levanta dudas. Las multiplica. Porque ya no se trata únicamente de una omisión administrativa, sino de una operación que parece diseñada para diluir el rastro del dinero.

El comprador, además, está vinculado a proyectos polémicos del pasado gobierno panista, lo que añade un componente político incómodo para alguien que hoy busca presentarse como opción dentro de la 4T.

Y mientras todo esto ocurría, Ruiz Uribe seguía en funciones, promoviendo programas sociales y construyendo su aspiración rumbo a la gubernatura de Baja California.

Pero el tiempo ya es parte del problema. Porque no se trata solo de lo que ocurrió, sino de lo que no ha ocurrido desde entonces.

No ha habido aclaración puntual.
No ha habido corrección transparente.
No ha habido rendición de cuentas.

Han pasado cuatro meses… y el silencio sigue.

Y en política, el silencio prolongado frente a un señalamiento de este tamaño no es neutral. Se convierte en confirmación narrativa.

Porque la ley es clara: omitir o falsear información patrimonial puede derivar en sanciones graves, incluso inhabilitación.

Pero aquí ya no se trata solo de una operación inmobiliaria ni de una omisión administrativa.

Se trata de un tema de elegibilidad política.

Porque la pregunta de fondo ya no es qué ocurrió con esos 11 millones de pesos.

La pregunta es otra, mucho más delicada:

¿Puede alguien con este nivel de cuestionamientos aspirar seriamente a ser candidato a gobernador?

Y más aún dentro de un movimiento que ha hecho de la honestidad su principal bandera.

Porque si no hay claridad en el patrimonio, difícilmente puede haber confianza en el proyecto.

Y en política, cuando la credibilidad se rompe antes de llegar a la boleta, el problema ya no es mediático.

Es estructural.

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