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La alianza que puede partir a la 4T en Baja California

Si la primera parte de esta historia era la salida de Montserrat Caballero Ramírez de Morena, la segunda ya no gira solo en torno a ella, sino al problema mayor que su movimiento deja al descubierto: la fragilidad de una eventual alianza local entre Morena, el Partido del Trabajo y el Partido Verde Ecologista de México rumbo a la elección de 2027. A nivel nacional, el discurso sigue siendo el de unidad; en Baja California, la realidad luce mucho más tensa, más personal y más impredecible.

El dato más importante para entender esa tensión es que el Partido Verde Ecologista de México no está llegando como acompañante. Su dirigencia nacional ya decidió empujar perfiles propios para las gubernaturas de 2027 y, en el caso de Baja California, el nombre que colocó formalmente es el de Jorge Ramos Hernández, exalcalde de Tijuana, hoy diputado local y coordinador estatal del Verde.

No es una especulación. El 11 de marzo, en una reunión encabezada por Karen Castrejón Trujillo y Manuel Velasco Coello, la dirigencia nacional del Verde acordó solicitar a Morena y al Partido del Trabajo que Jorge Ramos Hernández fuera incluido en la encuesta para definir la candidatura. El Verde ya no solo quiere ser aliado: quiere disputar.

Dos semanas después, el propio Jorge Ramos Hernández confirmó que su objetivo es construir una alianza con Morenay el PT, mientras ya opera con giras, plataforma y acercamientos. Es decir, el Verde ya actúa como jugador activo dentro de la negociación.

Pero la pieza más incómoda es el Partido del Trabajo. Mientras a nivel federal Gerardo Fernández Noroña habla de unidad, en Baja California el vocero de Morena, Catalino Zavala Márquez, reconoció que la alianza con el PT se ve “muy difícil”, principalmente por el conflicto entre Jaime Bonilla Valdez y la gobernadora Marina del Pilar Ávila Olmeda.

Esa declaración rompe el tablero. Si Morena admite dificultades con el PT, la alianza deja de ser automática y se convierte en una negociación fracturada desde el origen. La unidad existe en el discurso nacional, pero en Baja California choca contra agravios y disputas de poder.

Ahí vuelve Montserrat Caballero Ramírez. Su salida de Morena y su posible cercanía con el espacio de Jaime Bonilla Valdez la coloca en un terreno incierto: si hay alianza, tendría que competir dentro de ella; si no la hay, su margen se reduce a una ruta separada o a convertirse en ficha de presión. Es una lectura política derivada del escenario actual.

Por el lado del Partido Verde, la ruta es clara. Jorge Ramos Hernández no solo ha reiterado su intención de buscar la gubernatura, sino que se posiciona como el perfil verde más estructurado. Esto lo convierte en una ficha de negociación real dentro de la coalición.

En contraste, el PT carga con un problema de origen: la figura de Jaime Bonilla Valdez, cuyo conflicto con Marina del Pilar Ávila Olmeda complica cualquier acuerdo local. Así, cualquier candidatura del PT llega con un costo político desde el inicio.

Esto vuelve aún más delicada la situación de Montserrat Caballero Ramírez, quien no solo enfrentaría a Morena, sino también a la viabilidad real del PT dentro de la coalición.

Además, la eventual alianza no solo tendría que resolver candidaturas, sino jerarquías: Morena como fuerza dominante, el Verde con Jorge Ramos Hernández como carta propia, y el PT con el peso —y desgaste— de Jaime Bonilla Valdez.

El Partido Verde entendió antes que los demás que en una coalición no basta con acompañar: hay que competir. Por eso Jorge Ramos Hernández no es una ocurrencia, sino una estrategia nacional.

Hoy hay tres rutas:

  1. Morena, PT y Verde logran un acuerdo y compiten dentro de la misma encuesta.
  2. Morena y Verde avanzan juntos y el PT queda fuera.
  3. La coalición llega dividida en Baja California, aunque formalmente exista a nivel nacional.

El antecedente del “Plan B” electoral dejó claro que la unidad entre MorenaPT y Verde no es automática, sino negociada. La relación es política, pero también transaccional.

A ese escenario se suma un foco rojo: Mexicali. Sin alianza sólida, comienza a mencionarse al periodista Gustavo Macalpin como posible candidato del PAN, lo que podría convertir a la capital en el primer punto de quiebre electoral si el bloque oficialista llega fragmentado.

En este contexto, lo que está en juego ya no es una candidatura, sino el control real de la coalición en Baja California. Y todo apunta a que esa alianza, lejos de ser un bloque compacto, se perfila como un campo de disputa donde cada partido no llega a sumar… sino a cobrar.

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