
En Baja California ya no hay forma de disfrazarlo: hay un pleito abierto entre Jaime Bonilla y la gobernadora Marina del Pilar. Y no es de esos jaloneos normales de la política. Es un choque frontal que está empezando a meterle ruido serio a la relación entre Morena y el PT, justo cuando deberían estar alineándose para lo que viene.
Lo que estamos viendo ya se salió de control. Bonilla no se quedó en críticas leves ni en diferencias internas. Se fue directo, con señalamientos pesados, subiendo el tono como si estuviera del otro lado, no dentro del mismo bloque. Y cuando alguien empieza a comportarse como adversario, deja de ser aliado, aunque siga sentado en la misma mesa.
Además, no llega limpio a esta pelea. Trae encima una sanción por violencia política en razón de género contra la gobernadora y, por si fuera poco, ya está vinculado a proceso por un tema serio de su administración. Es decir, no está peleando desde la fuerza, sino desde el desgaste. Y eso lo vuelve más impredecible, más suelto, más peligroso políticamente.
Aquí es donde se complica todo. Porque Jaime Bonilla no es cualquier personaje que pueda ser ignorado. Es quien encabeza al PT en Baja California. Entonces cada golpe que lanza no se queda en lo personal: salpica al partido completo. Y eso empieza a incomodar, y mucho, del lado de Morena.
Porque hay algo muy claro: nadie quiere sentarse a construir acuerdos con alguien que te está golpeando todos los días. Así de simple. No es ideología, no es proyecto, es convivencia política básica. Y hoy esa convivencia ya está rota.
Del lado de Marina del Pilar tampoco hay margen para hacerse a un lado. Si se queda callada, pierde control. Si responde, el pleito crece. Pero lo que no puede hacer es dejar pasar los ataques, porque eso le pega directo a su autoridad.
Y mientras ellos se dan con todo, la alianza entre Morena y el PT empieza a crujir. Porque una cosa es firmar acuerdos en papel y otra muy distinta salir a campaña con alguien con quien traes pleito abierto. Eso se nota, se percibe y termina pasando factura.
A esto súmale el tema legal de Bonilla. No es un detalle menor. Es un proceso que lo pone bajo la lupa y lo convierte en un perfil incómodo. Morena va a tener que preguntarse si le conviene cargar con ese costo o mejor tomar distancia antes de que el desgaste sea mayor.
Pero tampoco es tan fácil romper. El PT tiene estructura, tiene operación y tiene votos. Nadie lo suelta nomás porque sí. El problema es cuando el conflicto empieza a pesar más que el beneficio. Y eso es justo lo que está empezando a pasar.
Porque Jaime Bonilla no parece tener intención de bajarle. Al contrario, cada vez que habla le sube un poco más. Es su estilo. Pero lo que antes le funcionaba para imponerse, hoy le está pegando de regreso. Porque ya no está sumando, está dividiendo.
Y eso pega directo en la relación entre partidos. Morena no necesita un aliado que le esté generando problemas todos los días. Necesita orden, control y coordinación. Y hoy lo que hay es ruido, desgaste y confrontación.
Aquí el fondo es claro. No es sólo un pleito entre dos personas. Es una pelea por el control político del estado. Bonilla no quiere desaparecer del mapa. Marina del Pilar no puede permitir que le disputen el terreno. Y en medio de ese choque, la alianza queda colgando.
Y como dice el dicho: a río revuelto, ganancia de pescadores. Mientras Morena y el PT se están dando con todo, la oposición empieza a ver una oportunidad que hace poco parecía imposible.
En Mexicali ya se empieza a mover un nombre que antes no estaba en el radar político tradicional: el comunicador Gustavo Macalpin. Justamente por no venir de la política clásica, está conectando con cierto sector del electorado y empieza a sonar como una opción real para la alcaldía de Mexicali, impulsado desde la oposición.
Si Morena llega dividido, con conflictos internos y cargando pleitos como el de Bonilla, perfiles como Macalpin pueden crecer rápido. Porque el electorado no siempre busca al más fuerte, a veces busca al menos desgastado.
Y del otro lado también hay movimiento. El Partido Verde que se ha mantenido leal a la 4T puede salir beneficiado de este desorden. Si la alianza se debilita o se rompe, el Verde puede ocupar espacios que antes se repartían con el PT y fortalecerse sin necesidad de entrar en el pleito.
Por eso el riesgo es real. No porque todo esté roto hoy, sino porque va caminando hacia allá si nadie lo frena. Y cuando estas cosas se dejan correr, luego ya no hay cómo arreglarlas.
Falta menos de un año para el arranque del proceso electoral. Y en lugar de estarse organizando, están peleando. Eso es tiempo perdido. Y en política, el tiempo perdido se paga.
La gran pregunta es quién va a ceder. Porque así como están, no pueden seguir. O el PT le baja a Bonilla, o Morenadecide que ya no lo necesita. No hay muchas opciones.
Y si nadie cede, lo que sigue es el rompimiento. Tal vez no hoy, pero sí más adelante. Porque no hay alianza que aguante golpes constantes entre sus propios integrantes.
Aquí ya no se trata de si se llevan bien o mal. Se trata de si pueden convivir políticamente. Y hoy la respuesta es cada vez más clara: les está costando, y mucho.
Si esto sigue así, el pleito entre Jaime Bonilla y Marina del Pilar no sólo va a ser ruido. Va a terminar moviendo todo el tablero político de Baja California. Y entonces sí, lo que hoy es pleito, mañana puede ser fractura.
