Noticia Frontera

La posible reelección de Ismael Burgueño es legal, pero ¿es moral?

La convocatoria de Morena ya abrió la ruta para que Ismael Burgueño busque la continuidad al frente del Ayuntamiento de Tijuana. El alcalde confirmó que participará en el proceso interno para definir las coordinaciones municipales rumbo a 2027. Su posible reelección es legal; pero, ante los pendientes de la ciudad, la pregunta que debemos hacer es otra: ¿es moral buscar otros tres años?

La reelección no debe entenderse como un premio automático por ocupar el cargo. Es una oportunidad para que la ciudadanía evalúe qué se prometió, qué se cumplió, qué sigue pendiente y qué cambió realmente en la vida de las familias tijuanenses.

En Noticia Frontera ya pusimos el tema sobre la mesa con un sondeo en redes. No sustituye una encuesta representativa; es un ejercicio de conversación pública que recoge opiniones de quienes decidieron participar. Esa expresión merece atención y respeto.

Uno de los pendientes más visibles es el malecón de Playas de Tijuana. La ciudad lleva años esperando recuperar ese espacio y, a dos años del inicio de la actual administración, todavía no hay una obra concluida ni una fecha clara para que la ciudadanía pueda volver a disfrutarlo plenamente.

El gobierno municipal ha señalado que el proyecto enfrenta problemas jurídicos y ambientales, y que se priorizaron trabajos para estabilizar la zona. Esas explicaciones importan, pero no borran las preguntas de la gente: ¿qué avances concretos se han logrado y cuándo habrá una solución? Una obra urgente también exige claridad, gestión y rendición de cuentas. 

También están los baches. El Ayuntamiento puso en marcha el programa “Tijuana Sin Baches” y anunció trabajos de pavimentación y mantenimiento vial. Hay acciones que deben reconocerse, pero el problema continúa en muchas colonias. La ciudadanía necesita ver resultados sostenidos, calle por calle, no solamente anuncios de arranque.

La movilidad tampoco da tregua. Los trayectos se alargan, las vialidades se saturan y cada reparación pendiente se convierte en un obstáculo más para quienes trabajan, estudian o trasladan a sus familias. Tijuana necesita respuestas para los problemas de hoy, además de proyectos de largo plazo.

A estos reclamos se suman otras carencias señaladas recientemente por integrantes de la oposición en el Ayuntamiento, como seguridad, alumbrado, recolección de basura y mantenimiento de parques. No basta con enumerar los problemas: la administración debe explicar qué está haciendo, con qué recursos y en qué plazos. 

La posible reelección también obliga a mirar la relación entre quienes gobiernan y quienes deben vigilarlos. La cercanía pública entre el alcalde y la síndica procuradora, Teresita Balderas, ha generado comentarios y cuestionamientos. No corresponde convertir rumores sobre su vida personal en hechos; sí corresponde exigir que la función de vigilancia se ejerza con independencia y que esa independencia sea visible.

La Sindicatura debe poder revisar, observar y señalar sin que la cercanía política haga dudar de su autonomía. En las instituciones no solo importa que exista imparcialidad; también es necesario que la ciudadanía pueda confiar en ella. Esa confianza se cuida con transparencia y decisiones claras.

Por eso, la pregunta no es si Burgueño quiere continuar. La pregunta es si la ciudad debe considerar suficiente esa voluntad cuando tantos servicios y proyectos siguen bajo evaluación de quienes los viven todos los días.

¿Es esto lo que Tijuana merece? ¿Una ciudad que siga esperando el malecón, que reclame calles transitables y que pierda horas en el tráfico mientras la conversación política se adelanta a la evaluación de resultados?

Quien busca otros tres años debe estar dispuesto a responder sin rodeos: qué obras concluirá, cómo resolverá los rezagos y qué mecanismos garantizarán que las áreas responsables rindan cuentas. La ciudadanía no pide perfección; pide avances verificables, prioridades claras y un gobierno que atienda lo urgente.

La discusión moral tiene que ver con la responsabilidad de pedir continuidad frente a los pendientes. No basta con tener voluntad de permanecer ni con presentar nuevos proyectos: también hay que responder por el trabajo realizado y por aquello que todavía no se resuelve.

La última palabra la tendrán las y los tijuanenses. Ismael Burgueño quiere buscar la continuidad; ahora tendrá que responder por lo que ha hecho y por lo que sigue pendiente. Su posible reelección es legal, pero la pregunta permanece: ¿es moral que busque otros tres años al frente de Tijuana?

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