Noticia Frontera

AMADOR, EL GATILLERO DE UN BONILLISMO QUE SANGRA POR LA HERIDA

Cuando ya no te invitan a repartir el pastel, siempre queda la pluma para hacer ruido

Amador Rodríguez Lozano volvió a sacar la pluma. Pero esta vez no precisamente para demostrar aquella fama de operador político que alguna vez tuvo, sino para aventarse contra Evangelina Moreno justo cuando la diputada federal con licencia comenzó a moverse en terrenos que parecen poner particularmente nervioso al bonillismo.

Porque una cosa hay que decirla como es: Amador tuvo poder, cargos, reflectores y capacidad de operación. Nadie puede borrarle su trayectoria. Pero tampoco podemos vivir eternamente del currículum. En política importa mucho lo que fuiste, pero importa bastante más cuánto pesas hoy. Y el Amador de estos tiempos parece bastante más ocupado en repartir calificativos que en repartir juego.

Ahora decidió convertirse prácticamente en el gatillero de la pluma al servicio de los intereses políticos de Jaime Bonilla. Gatillero, entiéndase bien, en el terreno estrictamente político: sale, dispara argumentos, descalifica al adversario y después pretende vendernos la andanada como sesudo análisis electoral.

Y esta vez le tocó a Eva Moreno.

Amador decidió colocarla entre los perfiles que él considera más débiles rumbo a la sucesión de Baja California. Hasta ahí, cada quien sus encuestas, sus filias y sus ganas. El detalle es que también deslizó versiones sobre presuntos financiamientos y ahí Eva no se dejó: si tienes pruebas, preséntalas.

Pero para entender por qué Amador trae tantas ganas de escribir sobre Eva hay que mirar lo que pasó antes.

Evangelina Moreno se fue a la Ciudad de México y se reunió directamente con Alberto Anaya, dirigente nacional del Partido del Trabajo. Y en la reunión también estuvo Reginaldo Sandoval, coordinador de los diputados federales petistas.

Y ahí fue donde seguramente a más de uno en el bonillismo se le atragantó el café.

Porque durante meses Jaime Bonilla se ha movido en Baja California como si el PT viniera incluido en las escrituras de su casa. Decide, declara, amenaza con romper alianzas, pone condiciones a Morena y hasta parecía tener perfectamente acomodada a su candidata a la gubernatura.

Esa candidata era —o sigue siendo, quién sabe ya— Montserrat Caballero.

Bonilla personalmente acompañó a la exalcaldesa de Tijuana cuando se registró como aspirante del PT a la gubernatura. La fotografía tenía toda la intención de mandar un mensaje: aquí está mi partido, aquí está mi candidata y conmigo tendrán que sentarse a negociar.

Pues resulta que no necesariamente.

Porque mientras Bonilla jugaba al dueño del balón en Baja California, Eva Moreno agarró camino, llegó a México y se sentó directamente con quien manda nacionalmente en el PT.

Sin intermediarios.

Sin pedir permiso.

Y, sobre todo, sin necesitar la bendición del exgobernador.

Ahí está el verdadero madrazo político.

No significa que Alberto Anaya ya haya decidido que Eva será candidata. Tampoco significa que Montserrat esté oficialmente fuera. Nadie serio puede afirmar eso todavía. Pero sí demuestra algo que para Bonilla debe resultar mucho más incómodo: el PT nacional puede hablar, negociar y construir acuerdos en Baja California sin pasar necesariamente por su oficina.

Y entonces, casualmente, aparece Amador Rodríguez Lozano explicándonos por qué Eva supuestamente es débil.

Qué coincidencia tan conveniente.

Porque cuando tu grupo se siente fuerte, generalmente no necesitas salir a explicar por qué los demás están débiles. Pero cuando alguien comienza a meterse en un terreno que considerabas tuyo, entonces sí aparecen las columnas, los análisis, los trascendidos y las descalificaciones.

Eso tiene un nombre muy mexicano: sangrar por la herida.

Y parece que en el bonillismo la herida está bastante fresca.

Jaime Bonilla pasó de gobernar Baja California y tener una enorme capacidad de influencia a tratar de conservar espacios desde un partido mucho más pequeño. Y Amador, que también conoció tiempos bastante mejores, parece haberse convertido en la pluma encargada de defender lo que queda del territorio.

Lo interesante es que el golpe no solamente alcanza a Bonilla.

También alcanza de lleno a Montserrat Caballero.

Porque Montserrat salió de Morena, encontró cobijo en el PT y apareció del brazo político de Bonilla buscando la gubernatura. El problema es que si el PT nacional termina privilegiando una gran alianza con Morena y el Verde, la pregunta será inevitable:

¿qué tanto vale realmente la candidatura que Bonilla le ofreció?

Porque una cosa es ser la candidata de Jaime Bonilla y otra bastante distinta ser la candidata que termine aceptando la dirigencia nacional del PT dentro de una negociación con Morena.

Y si Alberto Anaya ya está recibiendo personalmente a Eva Moreno para hablar de unidad y construcción política rumbo a 2027, entonces el escenario evidentemente dejó de ser aquel en el que Bonilla podía levantar el teléfono y decidir quién jugaba y quién no.

Por eso la reacción de Amador resulta tan sabrosa políticamente.

El hombre que alguna vez fue protagonista hoy parece comentarista de una sucesión donde otros están tomando las fotografías importantes.

Y cuando Eva le contestó que presentara pruebas de sus insinuaciones, Amador quedó metido en un pleito que quizá nunca necesitó comprar.

Pero Eva todavía le puso cereza al pastel:

“Nos vemos en septiembre”.

Bonita manera de decirle que espere sentado.

Lo más interesante es que nadie está diciendo que Eva Moreno ya ganó. Falta muchísimo y hay personajes con mayor posicionamiento electoral dentro de Morena. Lo verdaderamente relevante es otra cosa: Eva consiguió sentarse en una mesa nacional del PT que el bonillismo parecía considerar territorio exclusivo.

Eso cambia la lectura.

Porque quizá el problema de Bonilla, Montserrat y Amador no sea que Eva tenga demasiada fuerza.

Quizá el verdadero problema sea descubrir que ellos tienen bastante menos de la que creían.

Bonilla ya no gobierna. Montserrat ya no gobierna Tijuana. Y Amador ya no es aquel personaje alrededor del cual giraban decisiones importantes del estado.

Los tres pueden seguir haciendo política, por supuesto. Pero una cosa es hacer política y otra creer que el reloj se quedó detenido en los años en que todos tenían que pedirles audiencia.

Ese tiempo ya pasó.

Por eso Amador puede seguir afilando la pluma y disparando contra Eva Moreno. Está en todo su derecho.

Pero debería tener cuidado.

Porque mientras él escribe columnas explicando quién supuestamente está débil, otros están sentados directamente con quienes toman las decisiones.

Y en política eso suele ser bastante más importante que mil columnas.

Al final quizá ésta sea toda la historia: Bonilla creyó que controlaba el PT en Baja California, Montserrat creyó que con Bonilla tenía boleto directo a la gubernatura y Amador creyó que todavía podía repartir certificados de quién vive y quién muere políticamente.

Y de pronto llegó una fotografía desde la Ciudad de México para recordarles algo muy sencillo:

ni el PT tiene dueño en Baja California, ni Bonilla reparte solo las cartas, ni Amador asusta ya como antes.

Tal vez por eso escribe con tantas ganas.

Porque cuando uno descubre que ya no está sentado a la mesa, lo único que le queda es hacer ruido desde afuera.

Scroll al inicio