La película, estrenada el 21 de agosto en la Cineteca Nacional, reconstruye el proceso de un grupo de jóvenes intérpretes que, después de la pandemia, buscó una manera de continuar con su oficio. El proyecto nació de reuniones entre actores recién egresados, pasó por el teatro callejero y terminó convertido en un largometraje de ficción con elementos de falso documental.

Ciudad de México, 27 de agosto de 2026.- La pregunta que atraviesa ¡Oh, fortuna! no es solamente cómo conseguir trabajo después de estudiar actuación. Es qué ocurre cuando una generación de intérpretes descubre que la formación profesional no garantiza un lugar en los escenarios ni frente a una cámara y que, para continuar, quizá tenga que construir por sí misma las condiciones para trabajar.
La película escrita y dirigida por Luis Ayhllón sigue a un grupo de jóvenes actores que intenta abrirse paso en la Ciudad de México. La historia transcurre alrededor del teatro callejero, la falta de oportunidades, las dificultades económicas y los vínculos que se forman entre quienes comparten una profesión, pero también una incertidumbre.
Dodo Escenas, productora de la película, plantea el filme como una historia coral: no existe un protagonista absoluto, sino un conjunto de personajes cuyas trayectorias se cruzan. El comunicado de la producción señala que el deseo de triunfar, el miedo a quedarse atrás y la amistad como red de apoyo son algunos de los ejes de la historia.
Pero hay una razón para que esa dimensión colectiva resulte particularmente significativa. ¡Oh, fortuna! surgió de una experiencia semejante a la que después llevó a la pantalla.
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Una película que comenzó antes de ser película
Durante la pandemia, un grupo de actores recién egresados del Centro Universitario de Teatro de la UNAM buscó a Ayhllón para hablar sobre sus inquietudes profesionales y sobre las dificultades de construir una trayectoria después de terminar la carrera.
En entrevista con La Jornada, el director explicó que aquellas conversaciones no tenían inicialmente una forma definida. Después surgió la posibilidad de trabajar con Pluto, la comedia de Aristófanes, y llevarla a las calles de la Ciudad de México. El proyecto teatral pasó por lugares como Tepito, La Merced y la Villa Panamericana, mientras Ayhllón continuaba tomando notas.
De ese proceso nació la idea cinematográfica.
¡Oh, fortuna! reconstruye parte de aquellas experiencias y convierte en ficción situaciones relacionadas con el trabajo de los propios intérpretes. Por eso la película adopta recursos del falso documental: los personajes parecen habitar una realidad cercana a la de quienes los interpretan, aunque la historia haya sido construida para el cine.
La relación entre realidad y ficción es, así, uno de los elementos centrales de la propuesta. El filme no parte únicamente de una mirada externa sobre la precariedad de los actores jóvenes; surge de conversaciones y experiencias de un grupo que estaba intentando encontrar una respuesta a esa misma incertidumbre.
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Del teatro callejero a la pantalla
Pluto, la obra de Aristófanes gira alrededor del dinero y la distribución de la riqueza, en la película, esa referencia clásica se transforma en el punto de partida para que los personajes lleven el teatro a espacios públicos mientras intentan encontrar una forma de vivir de su oficio.
Ayhllón explicó a La Jornada que las presentaciones originales no fueron utilizadas directamente en el montaje final porque habían sido registradas con teléfonos celulares. El equipo tuvo que recrear los recorridos, contratar extras y reconstruir parte de aquellas experiencias para la película, aunque conservó algunas de las locaciones originales.
El proceso también modificó la manera habitual de trabajar del director. Ayhllón partió de una sinopsis estructurada, pero permitió que una parte importante de las escenas se desarrollara mediante improvisaciones y a partir del trabajo con los actores.
El resultado produjo una cantidad considerable de material. El director necesitó diez meses para completar el montaje y Roberto Bolado se incorporó en la etapa final de edición para contribuir a definir el discurso de la película.
La forma de producción termina dialogando con el contenido: una cinta que habla de artistas que deben crear sus propias oportunidades fue construida también mediante un proceso abierto, colectivo y alejado de los métodos más convencionales de escritura y producción.

La precariedad detrás del escenario
¡Oh, fortuna! se ocupa de una zona de la profesión actoral que suele quedar fuera de la representación cinematográfica: el periodo posterior a la formación, cuando los intérpretes todavía no tienen una trayectoria consolidada y deben combinar vocación, trabajos ocasionales, incertidumbre económica y búsqueda constante de oportunidades.
El comunicado de Dodo Escenas describe precisamente ese tránsito: jóvenes que buscan transformar su educación en una forma de vida y que encuentran en el grupo una estructura para enfrentar las dificultades.
La película evita concentrar esa experiencia en una sola figura. Su estructura coral permite que las distintas historias funcionen como piezas de una misma generación. Los personajes tienen conflictos y aspiraciones particulares, pero comparten la necesidad de encontrar un lugar dentro de una profesión en la que el talento no garantiza estabilidad.
En Infobae, Ayhllón definió la película como un retrato de artistas que intentan abrirse paso en Ciudad de México y sostuvo que buscó abordar con honestidad las dificultades de dedicarse al teatro y la actuación en México.
Esa honestidad también explica por qué la película no necesita presentar la precariedad como una tragedia excepcional. Forma parte de la vida cotidiana de sus personajes y, precisamente por ello, puede convivir con el humor.
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La amistad como forma de resistencia
El otro gran asunto de ¡Oh, fortuna! es la relación entre los integrantes del grupo.
La película no propone únicamente que los personajes sobrevivan individualmente a la falta de oportunidades. Su punto de apoyo está en la comunidad que construyen. La amistad, la complicidad y el acompañamiento aparecen como mecanismos para sostener una actividad profesional que puede resultar económicamente frágil.
El filme explora las redes de apoyo entre los actores jóvenes. La película se construye alrededor de las relaciones entre sus personajes y no de un protagonista único.
El origen del proyecto refuerza esa lectura. Las primeras conversaciones entre los actores ocurrieron durante el aislamiento de la pandemia, cuando todavía no existía una película. Años después, aquel intercambio terminó convertido en un trabajo compartido que reunió teatro y cine.
Ayhllón explicó a Infobae que el proyecto fue resultado de un esfuerzo conjunto iniciado con aquellos jóvenes antes y durante la pandemia y desarrollado durante varios años.
La película adquiere así una dimensión que excede la historia de sus personajes: también documenta, aunque sea mediante la ficción, la posibilidad de que una comunidad artística se convierta en una estructura de trabajo.
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Hacer cine con recursos limitados
La historia detrás de ¡Oh, fortuna! también está vinculada con el modelo de producción de Dodo Escenas.
La compañía señala que desarrolla proyectos cinematográficos con recursos limitados y una búsqueda centrada en los personajes y los contenidos. La película fue realizada con apoyo de la Secretaría de Cultura y Filmoteca UNAM y fue grabada íntegramente en Ciudad de México.
En entrevistas, Ayhllón afirmó que la producción tuvo un presupuesto considerablemente menor al promedio de una película mexicana. También planteó una discusión más amplia sobre las condiciones de exhibición y distribución del cine independiente.
El director sostuvo que se necesitan políticas públicas que consideren el cine como un bien cultural y que amplíen las posibilidades de exhibición fuera de Ciudad de México. También señaló la necesidad de contar con más salas y mecanismos que permitan que las producciones independientes encuentren público.
La discusión es especialmente relevante para una película como ¡Oh, fortuna!, cuya propia historia gira alrededor de personajes que deben crear oportunidades allí donde las estructuras existentes no parecen suficientes.
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Una generación que convierte la incertidumbre en relato
Entre el teatro callejero y el cine, entre la improvisación y la edición, ¡Oh, fortuna! terminó convirtiéndose en una película sobre una generación que intenta encontrar su lugar sin abandonar aquello que decidió hacer.
Su elenco está integrado por Ernesto Rocha, Carlos Abraham Gongo, Marya Sotelo, Sergio Biviano, Francisco Aurelio Sánchez, David Zambrano, Emmanuel Pavía, Margareth Linares, Diego Alonso, Alexis Briseño Jaramillo, Priscila Rosado y Alejandrina García Zavala, además de otros intérpretes.
Entre ellos destaca, Rocha, quien fue nominado al Premio Ariel 2026 como Mejor Actor por Adiós, amor.
La película llegó a la Cineteca Nacional el 21 de agosto. Su recorrido parte de un lugar particularmente coherente con su historia: una institución que permite a una producción independiente encontrar una ventana de exhibición y, al mismo tiempo, abre la posibilidad de que la conversación sobre el cine mexicano se extienda más allá de sus circuitos comerciales.
¡Oh, fortuna! comenzó con una pregunta sobre cómo sobrevivir al oficio de actuar y terminó transformando esa incertidumbre en materia cinematográfica. Lo que queda en pantalla no es solamente la historia de un grupo de jóvenes que busca trabajo: es el registro de una forma de crear juntos cuando las oportunidades no aparecen por sí solas.
Y quizá ahí reside la fortuna que persiguen sus personajes: no en la promesa de llegar a la fama, sino en encontrar, entre la precariedad y el deseo de seguir haciendo teatro, una comunidad con la cual continuar.

Ficha técnica
Título: ¡Oh, fortuna!
Dirección y guion: Luis Ayhllón
País: México
Año: 2026
Género: Drama / comedia
Producción: Dodo Escenas
Producción ejecutiva: Teresa García Hernández
Fotografía: Sergio Matamoros
Dirección de arte: Andrés Mendoza Cantú
Edición: Luis Ayhllón y Roberto Bolado
Música original: Carlo Ayhllón
Diseño sonoro: Enrique Gutiérrez Tanco
Reparto: Ernesto Rocha, Carlos Abraham Gongo, Marya Sotelo, Sergio Biviano, Francisco Aurelio Sánchez, David Zambrano, Emmanuel Pavía, Margareth Linares, Diego Alonso, Alexis Briseño Jaramillo, Priscila Rosado y Alejandrina García Zavala, entre otros.
Locaciones: Ciudad de México
Estreno: 21 de agosto de 2026, Cineteca Nacional

