La Presidenta plantea activar un estímulo fiscal al IEPS si la alza internacional del petróleo se traduce en incrementos de precio interno, en lo que el Gobierno presenta como una medida preventiva de estabilidad económica y continuidad política ante riesgos globales.

Ciudad de México, 03 de marzo de 2026. — En su habitual transmisión matutina Las Mañaneras del Pueblo —que se lleva a cabo de lunes a viernes en Palacio Nacional— la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo adelantó que el Gobierno federal podría activar un estímulo fiscal al Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS) aplicado a las gasolinas si el reciente encarecimiento del petróleo —impulsado por la tensión geopolítica en Medio Oriente— se traduce en aumentos en los precios al consumidor mexicano.
La declaración se produce en un momento de volatilidad en los mercados energéticos, donde los temores a interrupciones en suministros y aumentos de precios han generado presión sobre el valor internacional del crudo. Aunque México no ha registrado un incremento abrupto en los precios de las gasolinas en estaciones de servicio, la Presidencia optó por proyectar anticipación y control como estrategia de prevención.
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Continuidad del modelo y narrativa de estabilidad
El posible estímulo al IEPS no es una fórmula novedosa. Durante la administración de Andrés Manuel López Obrador, el Gobierno federal empleó ampliamente este instrumento para amortiguar el impacto de los precios internacionales del petróleo sobre los combustibles domésticos, especialmente durante la escalada de precios vinculada a la guerra entre Rusia y Ucrania en 2022.
En junio de 2022, el Diario Oficial de la Federación publicó un acuerdo de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público que mantuvo el estímulo fiscal al 100% del IEPS aplicado a gasolinas y diésel, evitando que el aumento internacional del petróleo se trasladara al precio interno. Este precedente ha servido de referencia para la administración actual.
El anuncio de Sheinbaum, por tanto, se inscribe en una continuidad de política pública que combina respuesta económica con una narrativa orientada a la protección del poder adquisitivo de los hogares. No se trata solo de amortiguar el efecto de la coyuntura, sino de enviar un mensaje de estabilidad y previsión fiscal.
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Geopolítica, mercados energéticos y política interna
El conflicto en Medio Oriente —especialmente tras la escalada de tensiones entre Estados Unidos e Irán— ha provocado alzas en los precios del petróleo en los mercados internacionales. El precio del barril de crudo Brent supera niveles que no se veían desde hace varios trimestres, lo que ha generado inquietud en economías que dependen de combustibles importados o ensamblaizados.
México, aunque productor de petróleo, importa combustibles refinados. Esa condición lo deja expuesto a la dinámica de precios globales y a las oscilaciones de tipo de cambio. Los informes oficiales de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) monitorean semanalmente las referencias de mercado para ajustar —cuando procede— los estímulos fiscales que compensan la tasa del IEPS.
El anuncio presidencial tuvo, por tanto, un componente de anticipación de expectativas: al comunicar la posibilidad de estímulo antes de que los precios internos se ajusten, el Gobierno busca reducir las presiones especulativas sobre costos de transporte y bienes duraderos que dependen intensamente de combustibles.
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Señal a mercados y ciudadanía
Para los mercados financieros, el mensaje (estimulo IEPS) apunta a mantener la confianza en la capacidad de gestión macroeconómica. El tipo de cambio y las expectativas inflacionarias suelen reaccionar ante episodios de incertidumbre global. Al subrayar que México cuenta con un mecanismo de amortiguación, el Ejecutivo intenta reducir la posibilidad de especulación interna.
Para la ciudadanía, la señal es distinta pero complementaria: el gobierno vigila los precios y actuará si es necesario. En un país donde la inflación ha sido tema recurrente en los últimos años, el precio de la gasolina es un referente inmediato del costo de vida. Transporte público, alimentos y servicios dependen en buena medida de los costos energéticos.
Al anticipar el estímulo, Sheinbaum se coloca en un papel activo frente a la coyuntura internacional. La estrategia no es esperar a que el impacto se materialice, sino proyectar disposición para contenerlo.
El rol del IEPS y la percepción social
Aunque el estímulo fiscal es una herramienta técnica, tiene un fuerte componente sociopolítico. El precio de los combustibles es uno de los indicadores más visibles para los ciudadanos y, por ende, uno de los más sensibles en términos de percepción pública. Cuando los precios suben de manera abrupta, la reacción ciudadana suele trasladarse con rapidez a la agenda política.
La anticipación del estímulo fiscal, entonces, también opera como una medida de gestión de expectativas ciudadanas, con el objetivo de mitigar el descontento antes de que se materialicen impactos significativos.
Las declaraciones de Sheinbaum ocurren en un contexto de alta atención pública hacia temas inflacionarios, donde incluso pequeñas variaciones en bienes como combustibles o alimentos pueden incidir en la percepción de la economía general.
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Estrategia política de blindaje económico
El anuncio de un posible estímulo fiscal al IEPS por parte de la Presidenta, es parte de una estrategia política de blindaje económico y manejo de expectativas que busca evitar incrementos abruptos de precios e influir positivamente en la percepción pública y en los mercados.
Al ubicar esta medida dentro del esquema de políticas aplicadas durante crisis previas —como la guerra en Ucrania en 2022— y al comunicarla tempranamente desde Las Mañaneras del Pueblo, el Gobierno Federal intenta proyectar capacidad de anticipación y gestión proactiva ante un entorno internacional incierto.
La prueba de fuego de esta estrategia será, no cuando se anuncie, sino si el estímulo llega a aplicarse y durante cuánto tiempo se mantiene, sin comprometer la disciplina fiscal ni la confianza de los mercados.
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