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Cooperar sin intervenir: el dilema de México ante la nueva presión de Trump en seguridad

La insistencia de Washington en permitir operativos conjuntos con fuerzas especiales o agentes de la CIA ha reabierto debates sobre soberanía, cooperación y estrategia antidrogas en la relación bilateral.

Presidenta Claudia Sheinbaum en la conferencia mañanera del 15 de enero de 2026, hablando sobre la llamada con Donald Trump y seguridad binacional.
La presidenta Claudia Sheinbaum durante la ‘Mañanera del pueblo’, donde informó sobre su conversación con Donald Trump respecto a la participación de EU en la seguridad de México.

Ciudad de México, 17 de enero de 2026. — La política de seguridad entre México y Estados Unidos volvió a tensarse esta semana tras un informe que señala que la administración del presidente estadounidense, Donald Trump, estaría impulsando una propuesta para que soldados de élite y agentes de la Agencia Central de Inteligencia (CIA, por sus siglas en inglés) participen en operativos contra laboratorios presuntamente vinculados a cárteles mexicanos dentro del territorio nacional. Este planteamiento —publicado por The New York Times y retomado por medios en ambos países— ha colocado nuevamente en primer plano el delicado equilibrio entre cooperación bilateral y respeto a la soberanía mexicana.

La propuesta, según funcionarios estadounidenses citados por el rotativo, busca que estos agentes acompañen al Ejército mexicano en la desarticulación de centros clandestinos de producción de fentanilo, bajo el argumento de que dicha droga representa una de las mayores amenazas de salud pública en Estados Unidos. En algunos pasajes, Trump incluso ha sugerido la posibilidad de ataques militares directos, aunque ha matizado esa retórica en entrevistas recientes.

Sin embargo, la presidenta de México, Claudia Sheinbaum, ha reafirmado que México rechaza cualquier intervención militar extranjera en su territorio y que la cooperación con Washington debe limitarse al intercambio de inteligencia y coordinación operativa sin presencia directa de tropas estadounidenses.

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Presión estadounidense: inteligencia y presencia militar en disputa

La propuesta actual no es completamente nueva; según el informe de The New York Times, se trató de un planteamiento que surgió en 2025, fue dejado de lado y ahora ha sido retomado tras la reciente captura del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, por fuerzas estadounidenses, un hecho que ha reforzado la visión de Trump sobre la necesidad de acciones más agresivas contra organizaciones criminales transnacionales.

Washington, de acuerdo con esos mismos reportes, estaría buscando formas de permitir que tropas de Operaciones Especiales o agentes de la CIA acompañen a las fuerzas mexicanas en redadas coordinadas, particularmente contra laboratorios de fentanilo. Esta colaboración implicaría que, aunque el mando mexicano mantenga la dirección de la operación, personal estadounidense estaría en el terreno proveyendo inteligencia, apoyo y asesoramiento táctico.

La insistencia estadounidense se enmarca en una narrativa más amplia de Trump sobre la lucha contra las drogas y la seguridad fronteriza. En entrevistas con medios norteamericanos, el mandatario ha señalado que, si bien se ha reducido el flujo de drogas interceptadas por mar, las rutas terrestres siguen siendo un problema grave y que requieren “medidas más contundentes”.

Sin embargo, esta visión ha generado reacciones diversas en Estados Unidos mismo. El congresista demócrata Joaquín Castro, por ejemplo, presentó una iniciativa legislativa para impedir que la administración use fondos federales en acciones militares en México sin autorización expresa del Congreso, subrayando los riesgos de una escalada unilateral y las posibles repercusiones diplomáticas en la región.

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Donald Trump saludando a elementos del ejército de los Estados Unidos durante una ceremonia oficial.
Donald Trump junto a tropas estadounidenses. El mandatario ha insistido en una mayor participación de las fuerzas de EU en la seguridad de México tras su reciente llamada con la presidenta Sheinbaum.

Soberanía versus eficacia operativa: el debate mexicano

Desde México, la respuesta oficial ha sido consistente con una línea de rechazo a cualquier forma de intervención directa de fuerzas militares extranjeras en territorio nacional. En diversos momentos del último año, la propia Sheinbaum ha reafirmado que la cooperación con Estados Unidos se circunscribe al intercambio de inteligencia, colaboración policial y medidas en puertos y fronteras, pero nunca a la ocupación o presencia armada en suelo mexicano.

“El uso de fuerzas extranjeras en México no solo vulneraría nuestra soberanía, también sería contraproducente para el tejido social y la percepción de autonomía que requiere una política de seguridad eficaz”, señalaron analistas en entrevistas para medios independientes en la Ciudad de México.

La posición de la administración Sheinbaum se basa en un principio constitucional y diplomático claro: toda acción de seguridad en México debe ser liderada por sus propias fuerzas armadas o cuerpos de seguridad, y cualquier cooperación internacional debe respetar esa premisa. Esta postura ha sido defendida no solo en el ámbito político, sino también en consideraciones históricas, dadas las sensibilidades profundas en torno a intervenciones militares en suelo nacional.

Además, expertos señalan que la inclusión de fuerzas extranjeras en operaciones terrestres podría generar tensiones internas en México con partidos políticos, sociedad civil y sectores académicos preocupados por preservar la integridad estatal y evitar precedentes que puedan afectar futuros procesos de política pública en seguridad nacional.

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¿Cooperación con límites o escalada de conflicto?

Para muchos analistas internacionales, la cuestión no es si Estados Unidos y México deben cooperar, sino cómo hacerlo de manera eficaz sin cruzar líneas rojas que puedan poner en riesgo la relación bilateral y la percepción de soberanía.

La cooperación en materia de seguridad entre ambos países se ha intensificado en los últimos años a través de intercambio de inteligencia, programas de capacitación conjunta y acciones coordinadas para frenar el tráfico de drogas y personas. No obstante, la participación directa de agentes de inteligencia o militares estadounidenses —incluso en un rol de apoyo— representa un umbral significativo que no ha sido cruzado desde la firma del Plan Mérida en 2007, que se centró en asistencia y no en despliegues mixtos operativos.

Organizaciones civiles especializadas en temas de seguridad refrendan la idea de que, si bien el combate a los cárteles es una prioridad para ambos gobiernos, el apoyo debe orientarse hacia la fortalecimiento institucional, la mejora de redes de justicia y la profesionalización de las fuerzas mexicanas, más que a la presencia visible de fuerzas extranjeras sobre el terreno.

Mientras tanto, en Washington, la retórica de Trump mantiene viva la posibilidad de nuevas propuestas. Aunque la Casa Blanca y la Secretaría de Relaciones Exteriores de México no han emitido una postura conjunta formal al respecto, el intercambio de ideas sigue abierto en altos niveles de la diplomacia y la seguridad de ambos países.

La conversación entre Trump y Sheinbaum —reconocida como cordial en declaraciones públicas recientes— sugiere que México no cierra la puerta a la cooperación, pero sí a cualquier acción que pueda interpretarse como una violación de su soberanía territorial. Este equilibrio delicado —entre colaborar para enfrentar un problema compartido y mantener principios constitucionales— es, en definitiva, el núcleo del dilema actual.

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Soldados de la unidad de operaciones especiales Delta Force de Estados Unidos con equipo táctico completo y camuflaje.
Soldados de Delta Force, la unidad propuesta por Donald Trump para participar en operativos contra laboratorios de cárteles en territorio mexicano.

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