La recompensa anunciada por Washington apunta a dos hermanos que operan desde hace más de 15 años en Baja California, en un contexto de reacomodos criminales tras la muerte de “El Mencho” y la intensificación de la lucha binacional contra el narcotráfico.

San Diego, 27 de febrero de 2026. — En una ofensiva renovada contra el crimen organizado que opera a lo largo de la frontera norte, el Departamento de Estado de los Estados Unidos anunció el 26 de febrero una recompensa de hasta 10 millones de dólares —5 millones por cada uno— por información que conduzca al arresto o la condena de dos presuntos líderes del Cártel de Sinaloa en Tijuana, Baja California, de acuedo información de AP News.
El gobierno estadounidense identificó a René Arzate García, alias “La Rana”, y a Alfonso Arzate García, conocido como “Aquiles”, como figuras clave de la organización criminal en uno de los corredores más dinámicos del tráfico de drogas hacia territorio estadounidense.
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Recompensa histórica y acusaciones de narcoterrorismo
De acuerdo con un comunicado oficial del Departamento de Estado, la recompensa busca “información que conduzca a la detención y/o condena” de los hermanos Arzate-García, quienes son señalados por dirigir las operaciones del Cártel de Sinaloa en la plaza de Tijuana durante más de 15 años, dato que corrobora Norte Digital.
Las autoridades estadounidenses han coordinado la acción con la Drug Enforcement Administration (DEA) —especialmente su División de San Diego— y la Fiscalía del Distrito Sur de California, como parte de los esfuerzos para desarticular las estructuras operativas y financieras del tráfico de drogas transnacional.
Según la cobertura de la agencia Associated Press, en el nuevo pliego de cargos contra René Arzate García también se incluyen imputaciones por narcoterrorismo, conspiración internacional y apoyo material a una organización terrorista extranjera, además de delitos de narcotráfico, lavado de dinero y suministro de drogas sintéticas como fentanilo.
“El control de la plaza de Tijuana por parte de estos operadores proporciona al Cártel de Sinaloa una ventaja táctica fundamental para mantener su dominio contra organizaciones rivales”, señaló el Departamento de Estado, según Times Union.
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La plaza de Tijuana: clave para el narcotráfico binacional
La ciudad fronteriza de Tijuana representa uno de los puntos de cruce más activos del mundo y es considerada un nodo estratégico para el tráfico de drogas ilícitas hacia los Estados Unidos, un mercado que ha reportado un incremento de productos como el fentanilo —clasificado por Washington como una amenaza grave de salud pública— y otras sustancias sintéticas.
De acuerdo con comunicaciones públicas de las agencias estadounidenses, los hermanos Arzate han mantenido el control del corredor fronterizo con “autoridad a través de violencia, alianzas estratégicas y una profunda influencia local, que incluye corrupción política y policial”, según perfiles periodísticos.
El operativo también ocurre en un momento de tensión entre cárteles. Días antes del anuncio, el narcotraficante Nemesio Oseguera Cervantes, alias “El Mencho” —líder del Cártel Jalisco Nueva Generación— fue abatido en Jalisco durante una operación militar, lo que ha reconfigurado la disputa por rutas entre organizaciones criminales rivales.

Impacto en la estrategia contra el narcotráfico
La recompensa representa una táctica tradicional en los esfuerzos de Washington por desarticular las cadenas de mando del crimen organizado, complementando sanciones, congelamientos de activos y procesos judiciales en tribunales federales de Estados Unidos. Además de la DEA, otras agencias estadounidenses como la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) han impuesto sanciones por corrupción y vínculos financieros que facilitan las operaciones del Cártel de Sinaloa.
Expertos en seguridad consignan que este tipo de recompensas persigue no solo la captura física de los capos, sino también la obtención de información que desmorone la estructura económica y logística de estos grupos, dificultando la continuación de sus actividades en una de las fronteras más complejas del hemisferio occidental.
La colaboración entre agencias de México y Estados Unidos, aunque a veces marcada por diferencias de enfoque entre ambas naciones, ha tendido a fortalecerse tras incidentes de violencia y trasiego de drogas que afectan a comunidades en ambos lados de la frontera.
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Un nuevo frente en la frontera norte
La oferta de recompensa no es un hecho aislado: en años anteriores, Washington ha recurrido a programas similares contra otros líderes del narcotráfico. Por ejemplo, antes de su muerte, El Mencho fue objetivo de una recompensa de hasta 15 millones de dólares por información que condujera a su arresto o condena, situándolo entre los capos más buscados por Estados Unidos.
En el panorama actual, la atención se desplaza hacia nuevas figuras dentro del Cártel de Sinaloa, cuya presencia continúa permeando la dinámica de seguridad y crimen transnacional. Las autoridades han indicado que la información recibida a través de las recompensas puede ser proporcionada de manera anónima y por canales oficiales establecidos, incluidos los mecanismos de cooperación jurídica internacional.
Mientras tanto, analistas alertan que aunque la captura de líderes puede debilitar temporalmente la operatividad específica de una organización, la fragmentación de las estructuras delictivas y la aparición de facciones emergentes pueden perpetuar ciclos de violencia y competencia interna, lo que exige estrategias más amplias que combinen inteligencia, desarrollo social y coordinación bilateral.
La oferta de hasta 10 millones de dólares por la captura de René y Alfonso Arzate-García subraya la prioridad estratégica que representa la plaza de Tijuana para las autoridades de seguridad de Estados Unidos y México. En un contexto marcado por reacomodos criminales tras la muerte de El Mencho y por la persistente violencia en zonas fronterizas, la recompensa apunta a debilitar las redes que sostienen el tráfico de drogas ilícitas desde Baja California hacia el mercado estadounidense. La operación conjunta con la DEA y otras agencias evidencia que la lucha contra el narcotráfico sigue siendo un eje central en la agenda bilateral, aunque sus resultados se medirán tanto en capturas como en cambios estructurales en dinámicas de violencia y control territorial.
