La comunidad de Álvaro Obregón, documentada como Nunualco desde el siglo XVI y vinculada con un templo histórico construido en esa época, fue incorporada al Sistema de Registro y Documentación de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes

Ciudad de México, 11 de agosto de 2026.- Santa María Nonoalco, uno de los asentamientos históricos de la actual alcaldía Álvaro Obregón, fue incorporada al Sistema de Registro y Documentación de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes de la Ciudad de México, de acuerdo con el aviso publicado por la Secretaría de Pueblos y Barrios Originarios y Comunidades Indígenas Residentes (SEPI) en la Gaceta Oficial capitalina.
La incorporación formaliza el reconocimiento institucional de la comunidad dentro del sistema previsto por la legislación de la Ciudad de México. Santa María Nonoalco se sumó a otros siete pueblos originarios y dos comunidades indígenas residentes incluidos en el mismo proceso de registro.
La decisión no significa que Nonoalco haya adquirido ahora una historia como pueblo originario. La documentación patrimonial federal sitúa sus raíces en la época prehispánica y registra la existencia del asentamiento con el nombre de Nunualco desde el siglo XVI. El nuevo reconocimiento administrativo se incorpora, por tanto, a una historia territorial que se remonta varios siglos.
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Un registro vinculado con derechos colectivos
El Sistema de Registro y Documentación de la Ciudad de México fue creado para identificar y documentar a los pueblos y barrios originarios y a las comunidades indígenas residentes reconocidos por el marco jurídico capitalino. La SEPI es la dependencia responsable de este sistema, que se relaciona con el reconocimiento de los derechos establecidos en la Constitución de la Ciudad de México y en la legislación local.
La incorporación de agosto comprende, además de Santa María Nonoalco, a Santa Úrsula Coapa, en Coyoacán; Santiago Atepetlac y Santiago Atzacoalco, en Gustavo A. Madero; y Santa Marta Acatitla, Santa María Aztahuacan, Santiago Acahualtepec y San Andrés Tetepilco, en Iztapalapa. También fueron incorporadas dos comunidades indígenas residentes: la Comunidad Triqui de Potrero, de San Juan Copala, Oaxaca, y la Comunidad Ndo’ Yo Ita, Nunuma, de Santo Tomás Ocotepec, Tlaxiaco, Oaxaca.
Según información difundida por la SEPI, el registro busca fortalecer el reconocimiento de los derechos de los pueblos y comunidades y documentar su pertenencia dentro de la estructura institucional de la capital. La incorporación de estos nuevos pueblos se suma a procesos anteriores de actualización del sistema.
En Álvaro Obregón, Santa María Nonoalco se convierte así en el quinto pueblo originario inscrito en el sistema. Los otros son Santa Rosa Xochiac, San Bartolo Ameyalco, Axotla y Santa Lucía Xantepec. De acuerdo con información publicada por Reporte Índigo, Santa Fe Acaxóchitl, Tetelpan y Tizapán continúan sus respectivos procesos de inscripción.
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Nunualco: una historia que precede a la Ciudad de México
El reconocimiento actual adquiere otra dimensión cuando se observa la historia del territorio.
La Secretaría de Cultura federal señala, en el Catálogo Nacional de Bienes Culturales Muebles e Inmuebles de Propiedad Federal, que la fundación de Santa María Nonoalco es de origen prehispánico. El asentamiento aparece como Nunualco en documentación histórica y en la reconstrucción cartográfica de Tenochtitlan realizada por Luis González Aparicio.
Uno de los registros más antiguos citados por la dependencia corresponde a 1553. Ese año, un visitador enviado por la Corona acudió al pueblo para revisar los tributos y determinar si eran justos. El documento registra la comparecencia ante las autoridades de Tacubaya de don Pedro de Santa María, identificado como integrante del barrio de Santa María, “que se dice Nunualco”.
La referencia es relevante porque sitúa a la comunidad en la documentación colonial apenas unas décadas después de la conquista y confirma que su identidad territorial antecede por siglos a la actual división administrativa de la capital.
Durante el periodo novohispano, de acuerdo con la documentación patrimonial federal, Nonoalco formó parte de las tierras del Marquesado del Valle y estuvo vinculado con la jurisdicción de Coyoacán. La historia del asentamiento, por tanto, no puede explicarse únicamente a partir de la configuración contemporánea de Álvaro Obregón.

La Asunción, un testimonio material del pueblo
Uno de los principales testimonios de esa continuidad histórica es la Asunción de Santa María Nonoalco, templo cuya construcción se remonta al siglo XVI.
El Catálogo Nacional de Bienes Culturales de la Secretaría de Cultura identifica el inmueble como un monumento histórico y describe una arquitectura de planta de cruz latina, con una nave cubierta por bóveda de cañón corrido con lunetos, crucero rematado por una cúpula y una portada principal de cantera. El atrio conserva una arquería con tres arcos ornamentados.
La plataforma oficial de la Ciudad de México dedicada a Santa María Nonoalco también señala que la iglesia data del siglo XVI y que fue declarada monumento histórico en 1932.
La documentación patrimonial señala además indicios de que el atrio tuvo funciones funerarias desde el siglo XVI. El dato debe entenderse como una inferencia sustentada en documentos y vestigios, no como una afirmación sobre la totalidad del espacio a lo largo de su historia.
El templo constituye así uno de los vínculos materiales más visibles entre el asentamiento histórico y la comunidad que existe actualmente.
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Un territorio transformado por la expansión urbana
La historia de Santa María Nonoalco también está marcada por las sucesivas transformaciones de la Ciudad de México.
La documentación patrimonial federal señala que la traza histórica del pueblo fue afectada por la construcción del Anillo Periférico. El crecimiento de la infraestructura urbana terminó por separar físicamente distintos elementos que habían formado parte del antiguo territorio, entre ellos el templo, la antigua vía del ferrocarril a Cuernavaca y construcciones históricas de los siglos XVIII y XIX.
La plataforma oficial de la Ciudad de México también identifica al ferrocarril como uno de los elementos que transformaron el paisaje de Nonoalco antes de la expansión de las grandes vialidades.
La fragmentación territorial no eliminó la referencia comunitaria al antiguo pueblo. La permanencia del templo, las festividades, las formas de organización y la memoria asociada al territorio forman parte de una identidad que ahora queda documentada dentro del sistema institucional de pueblos originarios.
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Un reconocimiento que llega después de un proceso
La inscripción de 2026 tampoco surgió de manera repentina.
Santa María Nonoalco ya figuraba en documentación administrativa de la Ciudad de México y había formado parte de procesos relacionados con su incorporación al sistema de registro. La propia existencia de solicitudes y antecedentes institucionales muestra que la inscripción publicada por la SEPI es resultado de un procedimiento previo de documentación y valoración.
Con la publicación del aviso, la comunidad queda incorporada formalmente al sistema junto con otros siete pueblos originarios de la capital. La medida permite actualizar el registro institucional de comunidades históricamente asentadas en sus territorios y dar continuidad a los mecanismos previstos por la legislación local.
El reconocimiento administrativo de 2026, por tanto, no inaugura la historia de Santa María Nonoalco. La formaliza dentro de un sistema institucional que reconoce una comunidad cuya presencia puede rastrearse desde Nunualco y la documentación del siglo XVI hasta el territorio urbano contemporáneo.
La diferencia es significativa: en una ciudad transformada durante siglos por nuevas vialidades, infraestructura y expansión inmobiliaria, el registro vuelve a colocar el nombre y la historia de Santa María Nonoalco dentro del mapa oficial de los pueblos originarios de la Ciudad de México.


