La conferencia “Américas contra los cárteles”, celebrada en Miami, reunió a Estados Unidos y a casi 20 países de la región para acordar una estrategia que plantea combatir a los llamados “narcoterroristas” con mayor cooperación militar y operaciones ofensivas. La ausencia de México —principal socio en la lucha antidrogas— generó interrogantes sobre la nueva estrategia estadounidense frente al narcotráfico.

Miami, Florida — 6 de marzo de 2026.– Estados Unidos ha dado un nuevo paso en su estrategia hemisférica contra el narcotráfico. Durante la conferencia inaugural “Américas contra los cárteles”, celebrada en la sede del Comando Sur en Miami, Washington reunió a casi una veintena de países de América Latina y el Caribe para firmar una declaración conjunta destinada a intensificar la lucha contra las organizaciones criminales que el gobierno estadounidense define ahora como “narcoterroristas”.
El encuentro es la antesala de la cumbre ‘Escudo de las Américas’ en Doral, Miami y estará encabezado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.
El primer evento, encabezado por el secretario de Defensa estadounidense, Pete Hegseth, marcó un cambio de tono en la política antidrogas de Washington. De acuerdo con reportes de Associated Press, el funcionario pidió a los países latinoamericanos pasar a una fase “ofensiva” contra los cárteles, dejando atrás enfoques centrados exclusivamente en la cooperación policial o judicial.
La declaración conjunta firmada en la conferencia reafirma la cooperación en materia de seguridad regional y propone ampliar la coordinación entre fuerzas militares, agencias de inteligencia y autoridades de seguridad.
Según información publicada por Deutsche Welle, el acuerdo plantea que los países participantes colaboren para desmantelar redes criminales que operan a escala transnacional y que, según Washington, representan una amenaza directa a la estabilidad del hemisferio.
Sin embargo, la conferencia, también estuvo marcado por ausencias significativas: México, Colombia, Nicaragua y Brasil, actores clave en la lucha contra el narcotráfico en la región, no participaron en la reunión.
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Una estrategia que redefine a los cárteles como “narcoterroristas”
El eje conceptual de la conferencia fue la idea de que los cárteles del narcotráfico deben ser tratados como organizaciones terroristas. En el evento, los funcionarios del gobierno estadounidense compararon el impacto de estas organizaciones con el de grupos como Islamic State o Al-Qaeda, argumentando que su poder económico y su capacidad de violencia representan una amenaza global.
Durante su intervención, Hegseth sostuvo que los gobiernos de la región deben “ir a la ofensiva contra los narcoterroristas”. De acuerdo con reportes citados por DW, el funcionario afirmó que Washington está dispuesto a actuar incluso de manera unilateral si considera que la amenaza lo amerita.
La postura refleja un giro hacia una estrategia más militarizada. La administración estadounidense ha insistido en que el narcotráfico no solo representa un problema criminal, sino también un desafío de seguridad nacional vinculado al tráfico de armas, la migración irregular y la crisis de opioides en Estados Unidos.
Administrativos estadounidenses han señalado que la epidemia de sobredosis vinculada al fentanilo ha causado cientos de miles de muertes en el país durante la última década, un argumento que la Casa Blanca utiliza para justificar medidas más agresivas contra las redes criminales que operan en América Latina.
La retórica de “narcoterrorismo” no es nueva en Washington, pero su incorporación formal en una estrategia regional sí marca una escalada política. Esta narrativa busca justificar el uso de herramientas militares que antes se reservaban para conflictos internacionales o amenazas terroristas.
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Una coalición regional con ausencias clave
La conferencia reunió a delegaciones de casi 20 países de América Latina y el Caribe, incluidos varios gobiernos que han reforzado su cooperación en seguridad con Estados Unidos. Según reportes periodísticos, el objetivo de la reunión fue establecer un marco de colaboración para operaciones conjuntas, intercambio de inteligencia y entrenamiento militar.
Sin embargo, la ausencia de México, Colombia y Brasil llamó la atención de analistas y observadores. Estas tres naciones concentran una parte significativa de la producción, tránsito y combate al narcotráfico en la región, por lo que su ausencia plantea interrogantes sobre el alcance real del acuerdo.
De acuerdo conEl País, funcionarios estadounidenses insistieron en que el pacto sigue abierto a nuevos participantes y que la cooperación bilateral con estos países continuará por otros canales. No obstante, expertos citados por diversos medios consideran que la falta de estos actores limita el impacto inmediato de la iniciativa.
El encuentro también ocurre en un momento de creciente cooperación militar entre Washington y algunos países latinoamericanos. Estados Unidos ha intensificado sus operaciones contra redes de narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, incluyendo ataques contra embarcaciones sospechosas de transportar drogas.
Estas acciones forman parte de una estrategia más amplia impulsada por el gobierno del presidente Donald Trump, que busca reforzar la influencia estadounidense en el hemisferio occidental en materia de seguridad.
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Entre cooperación y críticas a la militarización
Aunque la conferencia fue presentada por Washington como un paso histórico en la lucha contra el crimen organizado, también ha generado críticas entre especialistas y organizaciones civiles.
Analistas citados por CNN en Español advierten que la militarización de la lucha antidrogas ha sido una estrategia recurrente en América Latina durante décadas, con resultados mixtos y, en algunos casos, graves consecuencias para los derechos humanos.
Países como México han experimentado durante años las implicaciones de desplegar fuerzas armadas contra organizaciones criminales, una política que, según numerosos estudios académicos, ha contribuido a una escalada de violencia sin lograr reducir de manera sostenida el tráfico de drogas.
Otro punto de controversia es el marco geopolítico que acompaña la nueva estrategia estadounidense. Durante la conferencia, funcionarios de Washington también señalaron la creciente presencia de China en América Latina como un factor de preocupación, pues el gobierno estadounidense considera que el crimen organizado transnacional y la influencia de potencias externas forman parte de un mismo desafío estratégico para el hemisferio.
Este enfoque ha sido interpretado por algunos analistas como un intento de revitalizar la histórica Doctrina Monroe, que durante el siglo XIX y buena parte del XX definió la política exterior estadounidense hacia América Latina.
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¿Qué países asistieron a la conferencia “Américas contra los cárteles”?
La conferencia “Américas contra los cárteles” marca el inicio de una etapa más forntal en la política antidrogas de Estados Unidos. Mientras que en décadas anteriores el enfoque se centró en la cooperación policial y el desarrollo institucional, la nueva estrategia apuesta por una coordinación militar más estrecha entre los países del hemisferio.
Los mandatarios invitados firmaron un tratado para combatir a los grupos narcoterroristas, y son considerados como la derecha de América latina y afines a la política de Trump: Argentina, Javier Milei, Bolivia, Rodrigo Paz Pereira, Chile, José Antonio Kast, Costa Rica, Rodrigo Chaves Robles, República Dominicana, Luis Abinader, Ecuador, Daniel Noboa, El Salvador, Nayib Bukele, Guyana, Irfaan Ali, Honduras, Nasry Tito Asfura, Panamá, José Raúl Mulino, Paraguay, Santiago Peña, la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
Para Washington, la urgencia del problema justifica este cambio de enfoque y se asegura de contar con aliados para su nueva estrategia que dependerá en gran medida de la cooperación regional. Sin la participación de países clave como México, Colombia, Nicaragua y Brasil, la iniciativa abre un debate que probablemente marcará la agenda de seguridad regional en los próximos meses.
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